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Beto Páez: “No quiero jubilarme de dibujante”

Entrevistaron Patricia D’Auria y Mariela Lobo (*).- Humorista gráfico y dibujante, los diarios Tiempo Argentino, La Época, Popular, La Razón, La Nación, las revistas El Gráfico y Billiken entre otros, lo tuvieron en sus redacciones, Carlos “Beto” Páez nos recibe en su departamento, en el barrio de Floresta.

Casi no hay hueco libre en las paredes, cada cuadro es una historia y en cada historia hay parte de su vida.

Se emociona cuando habla de su familia, de su barrio de la infancia y de su abuela Filomena, quien fue la protagonista de la tira diaria “Filomena pasa el dato” que publicó durante 10 años en Diario Popular.

-¿En qué momento Beto decide que dibujar sería parte de su vida?

-Mi hermana me hacía los dibujos en el colegio, ella dibujaba bien y yo en ese momento no sabía dibujar; después empecé a copiar las tapas de las revistas CANAL TV que eran las caricaturas de Ianiro, y una vecina de enfrente de casa ve los dibujos y me dice que tenía buena mano, que tenía que estudiar.

Fue por eso que, años más tarde, me anoté en la Panamericana de Arte, y tuve como profesores a Breccia, Garaycochea y Roberto Páez,  todos unos fenómenos. Hice tres meses con cada uno. Quien me marcó mucho fue el Indio Pereyra gran dibujante y docente.

-Valorizar la historia del barrio, Monte Castro, fue protagonista de la muestra Mi Barrio, tu Barrio. ¿Por qué decidís abordar esta temática?

-Monte Castro fue el barrio de mi infancia, la casa, los vecinos, mi mamá, mi papá, la abuela Filomena, mis amigos, todo eso fue muy importante en mi vida. Les cuento algo: estaba trabajando en La Nación y un día me dicen que deje de firmar como Beto Páez y firme sólo Páez, se ve que Beto no daba con el perfil del diario.

Podía haberme quedado en La Nación, quizás hasta jubilarme, pero yo no quiero jubilarme de dibujante. Finalmente me voy del diario y recupero al Beto y empiezo a dibujar el Barrio, Mi Barrio de la infancia Monte Castro. Una vez en una exposición, alguien me dijo ¿querés pintar a mi familia?, y le respondí que para pintar a tu familia tengo que haber nacido con tu familia o tengo que vivir con tu familia, si vos me dejas vivir con tu familia un año, te los pinto, para mí es así, sino es decoración de interiores. Se tiene que hacer con el corazón, con sentimiento. Pintar y dibujar mi Barrio fue y es un trabajo muy gratificante.

-Hace unos meses, en un homenaje al escultor Antonio Pujía, un vecino de lujo, dijiste que te lo seguís encontrando en la plaza, en los árboles, en las raíces. Y que seguís trabajando como él te dijo. ¿Qué te dejó Antonio y cómo fue esa relación?

-Éramos muy amigos, vivía a la vuelta de mi casa, antes de una exposición siempre le mostraba primero las obras a él. Solíamos encontrarnos en la plaza del barrio y me decía, léeme algo negrito, y yo le leía lo que escribía sobre él y sobre los personajes del barrio. Antes de morir me dijo: te prohíbo que no sigas trabajando y escribiendo así.

-Si bien en las exposiciones no se permite tocar las obras, en la muestra “Dibujo para ciegos, para tocar y para ver”, era todo lo contrario, cómo surgió esta propuesta y cómo trabajaste las obras.

-Todo empieza en la Legislatura. Estábamos organizando una muestra, un grupo de no videntes se me acerca a hablar y les digo si quieren conocer Mi Barrio, ¡Qué lindo sería Beto!, fue la respuesta.

Tenía un mes para la muestra y cuando salí del lugar me dije ¿qué voy a hacer? Arranqué con los platitos de copetín, esos de aluminio y empecé a trabajar sobre ellos, después lo hice sobre alpaca y otros metales, todo en relieve. Hice el barrio para los videntes y para los no videntes, escribí unos textos qué no describen la escena sino algo más poético, también traducidos al sistema braile. Ellos se van de la oscuridad y vienen a la claridad y cuando tocaban las obras iban descubriendo cada cosa. El brasero, mi mamá, la abuela, los árboles. Todo esto es mejor que te hubieran pagado millones. Con esta técnica puedo tocar las manos gordas de mi mamá cuando quiero. Con la pandemia este tipo de muestra es imposible porque no se podría tocar nada.

¿Cómo fue hasta aquí tu experiencia como docente?

-Antes que empiece la pandemia, daba clases de humor gráfico en una escuela de chicos con problemas de aprendizaje. Tuve que luchar bastante para que dejaran las computadoras y los celulares afuera e integrar el lápiz, así que les decía quiero lápiz-lápiz-lápiz. También doy clases en un Centro Cultural a personas en recuperación de las drogas.

¿Qué proyectos tenés actualmente?

-Seguir trabajando. Lo que pasa es que me encuentro gente en la calle menor que yo que me dice: yo ya estoy jubilado, no hago nada y ahí es cuando te empieza a doler el cuerpo y te enfermas; entonces yo le digo empezá a dibujar, escribí, hacé algo. Ahora estoy escribiendo sobre el calentamiento global, me interesa mucho, estoy investigando y estudiando sobre el tema, no quiero sólo hacer dibujitos sobre eso, quiero llegar y concientizar a la gente. Esto es lo que te hace vivir y sentirte vivo.


(*) Periodistas.

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