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Ibáñez sigue soñando

Entrevistó Patricia D’Auria (*).- Ilustrador, historietista, Sergio Ibáñez dice que el sueño del pibe se le cumplió cuando pudo trabajar con sus ídolos, como el recientemente fallecido Robin Wood. Y asegura que “leer historieta me abrió la puerta, tanto de la literatura como de las artes plásticas”. De esos inicios a estas actualidades hablamos con él.

-En una entrevista que te hiciéramos hace tiempo dijiste que el primer personaje que te partió la cabeza a tus 6 o 7 años fue Nippur de Lagash. Lo dibujaste en 1998 y volviste sobre él más de 20 años después. ¿Cómo llega esa oportunidad?            

-Me llega con la edición que hizo Planeta Deagostini, la colección completa de todos los capítulos de Nippur de Lagash, una edición hermosa que sacaron en tapa dura, con 64 tomos; dentro de ese contexto surgió la idea de hacer un capítulo inédito de Nippur porque había quedado un guion de Robin (Wood) que no había sido dibujado, un guion cortito pero muy lindo, entonces, la editorial, Robin y su mujer me eligieron para que dibuje ese capítulo lo cual fue un honor enorme que dentro de esa colección aparezca un solo capítulo inédito  y que me lo hayan dado para dibujar a mí.

Fue una especie de revancha para mí mismo porque yo no había quedado muy conforme con mi trabajo de aquellos años, nunca me había cerrado del todo, así que me vino perfecto para hacer el Nippur que quería hacer y con este quede conforme. Anoche supe de la muerte de Robin que fue nuestro gran mago de la historieta, el que nos enseñó la aventura  prácticamente a todos y creador de Dago, así que uno sigue transitando ese camino que nos marcó Robin y seguimos en lo posible manteniendo el fuego encendido.

-Hay una etapa de tu trayectoria que está ligada a editorial Columba, una más reciente en la que transitás por distintas experiencias laborales, incluso propias y cruza ese recorrido tu trabajo para la prestigiosa editorial italiana Aurea. ¿Qué significan cada una de esos momentos en tu desarrollo creativo?                         

-Es una pregunta bastante compleja de responder porque atraviesa todo mi camino. Publiqué primero en Italia antes que acá con una diferencia de meses ya que por entonces vendí mi primer trabajo para editorial Aurea, por lo que mis comienzos fueron paralelos.  

Mi colaboración con Italia en ese momento no fue tan productiva, trabajé un par de años pero fue más bien aislado, a los pocos meses empecé a trabajar en Columba y ahí sí produje muchísimo: como para todo chico que empieza a publicar en Columba, fue un sueño cumplido, publicar al lado de todos tus ídolos; ahí los conocí a  todos, incluso a Robin, fue maravilloso, un sueño en el que te subís y estás adentro trabajando a destajo, dibujaba y lo  veía a la semana en el kiosco y lo veía la gente, fue una etapa muy linda,  porque era un medio  popular y masivo que se terminó allá por el 2000.

Paralelamente en los ‘90 empecé a trabajar en el diario La Nación con una tira de humor gráfico “Metamorfosis”. Esa fue otra experiencia diferente, la de humorista gráfico, me gustaba hacer humor, pero no lo tenía previsto y fueron unos cuantos años en ese camino.

Con el cierre de Columba comienza una nueva etapa en la que hubo muchos proyectos independientes, entre ellos La Bestia, Nikilo, fue muy lindo, fueron experiencias diferentes, trabajar los proyectos desde adentro, desde cero, generarlos hasta llegar a la edición, también lo disfruté mucho.

Con la editorial Aurea nunca dejé de trabajar, pero volví con más fuerza a partir del 2003, haciendo series y miniseries con una experiencia un poco similar a la de Columba por ser un formato de editorial que produce mucho material masivo, que llega a muchos lectores, no como el mercado del libro que es más selecto. Dentro de ese contexto empecé a hacer Dago en el 2010 hasta hoy.

-¿Cómo se lleva el profesor de Lengua y Literatura con el universo de los Crap, Dimitri, El cosaco, Mark, Wolf, Nippur de Lagash, Troels, Python, No way land, Milonga, Coraje o con eCOs de mundos imposibles?

-El profe de literatura se lleva muy bien con la historieta, de hecho pienso que leer historieta para mí fue la puerta de entrada a la literatura. Todos nuestros grandes  guionistas fueron muy formados y muy lectores empezando por Oesterheld, y siguiendo por todos, puede verse una amplia formación no académica formal, pero sí mucho conocimiento de la historia; los guionistas escriben muchas historias y las ambientan en épocas y lugares diferentes, hay mucho trabajo. Admiro mucho a nuestros guionistas porque tienen una gran capacidad, muchos tienen una prosa muy interesante y muy literaria como el caso de Robin, Ray Collins, Trillo, Ferrari, hay muchos, a mí me ha enseñado mucho y de hecho me abrió la puerta, tanto de la literatura como de las artes plásticas.

Las adaptaciones de las obras literarias a historietas son muy comunes, lo cual a mí me parece una herramienta súper interesante para atraer a los chicos hacia la literatura, la historieta es un formato más amable, más visual y a la vez te exige la lectura

-En pandemia se publicó “La justicia secreta”,  un nuevo libro de Dago, al que venís dibujando hace una década, que cuenta la vuelta de Dago a Venecia para enfrentar al último de sus enemigos vivos: Giacomo Barazutti. ¿se podría decir que si lo elimina se cierra un ciclo?

-Sí, con la muerte de Barazutti sin duda se cerraría un ciclo en el camino del héroe, pero dudo mucho que ese momento llegue; es un tema que hablamos bastante con el autor de ese libro, Néstor Barrón, el de mantener esa puerta abierta que parece que se va a cerrar pero nunca se cierra al estilo de los grandes folletines, de las sagas de otros tiempos, es como que llega pero no llega. Creo que Barazutti por el momento va a gozar de buena salud, un poco estropeado porque Dago ya lo agarró un par de veces, pero creo que no lo va a matar por ahora, en todo caso hay que preguntarle a Néstor.

-Hay historietas que duran muchos años, pasan varios guionistas y dibujantes, cómo es el trabajo del dibujante cuando tiene que hacer a un personaje que ya fue hecho por otro colega. Cuál es tu experiencia.

-Para mí ha sido siempre una excelente experiencia sobre todo porque  en general he continuado personajes casi míticos, he dibujado varias series de Robin Wood, como Wolf, El Cosaco, Mark, Nippur, estas dos últimas creo que son las que más me impactaron en el momento de ponerme a hacerlo. Se necesita bastante respeto, amor por la serie y también un poquito de inconsciencia, cierta irreverencia, para que no te pese tanto el hecho de hacerte cargo de esos personajes, lo mismo que me ha pasado con Dago, que  lo hice de más grande. Pero es inevitable no perder la referencia de lo que hicieron los autores  anteriores que son enormes y tratar de darle un toque personal sin traicionar la línea de ellos, eso es lo fundamental, no tratar de cambiarlo todo y a la vez ponerle lo tuyo.

-El trabajo en equipo de un guionista y un dibujante supone crearse las mejores condiciones para funcionar adecuadamente. Para vos, ¿Cuáles son esas condiciones necesarias?

-Bueno las condiciones no siempre las impone uno, sino que depende de los manejos de la editorial, nosotros estamos bastante acostumbrados a recibir los guiones y directamente ponernos a trabajar, esto sucede con las  editoriales que se manejan con ediciones masivas, lo que no quiere decir que sea el modo ideal y tampoco que no hayamos encontrado otra forma de trabajar. Los trabajos son todos diferentes y se han dado de maneras diferentes de acuerdo a las circunstancias; hablábamos antes de la época en que hicimos la revista La bestia, Nikilo, en esos casos la colaboración era muchísimo más cerrada, dibujante y guionista aportaban y colaboraban uno con otro.

De esta manera trabajamos con Marcelo Ciccone haciendo Python que era una serie que nos encantaba y nos divertía mucho, él me contaba antes de hacer el guion  las cosas que iban a pasar y trabajábamos sobre eso. Trabajar así es lo ideal, que el guionista piense en el dibujante y el dibujante en el guionista, que el proyecto pueda partir de la colaboración de cada uno para generar algo más genuino.

En general  trato de estar en contacto siempre con el guionista, y me gusta mucho trabajar así, también he escrito guiones que he dibujado, pero siento que uno navega solo en esas aguas,  ya que nuestro trabajo en el tablero es bastante solitario, a mí me gusta trabajar sobre las ideas del otro y siempre poder aportarle algo, sobre todo desde la narración.

-Cómo al que canta, ¿te suelen pedir “dale haceme un dibujito”?.

Sí,  por supuesto te piden dibujitos y está muy bien, es un halago que esto ocurra sobre todo cuando uno se encuentra con los lectores en los eventos, es uno de los pocos momentos en que tenemos la posibilidad de encontrarnos con quienes disfrutan nuestros trabajos, disfruto mucho el contacto con el público y no me cuesta nada hacer dibujitos.

-Cómo sigue tu vida profesional después del momento más duro de la Pandemia

-La verdad que en mi caso particular, y de algunos colegas que conozco, la pandemia no ha cambiado mucho en nuestras rutinas ya que estamos acostumbrados a trabajar desde nuestras casas y enviar nuestros nuestro trabajo por internet, no se ha notado tanto la diferencia en ese sentido; sí en los últimos años, porque como tantos otros colegas me había acostumbrado a salir de gira a  eventos en el interior y, como te decía, eso es muy lindo muy maravilloso entrar en contacto con la gente y eso con la pandemia se perdió, fue lo más duro, más que nada para las ediciones nacionales que gran parte de su venta se hace por este circuito, diría que es el saldo más negativo que nos ha dejado.



(*) Periodista.

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