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Gus y la ternura del miedo

Entrevistó Patricia D’Auria (*).- Gustavo Cravenna (Gus, como para no perder tiempo a la hora de la firma) prefiere definirse como un Humorista Gráfico, aunque sabe que sus destrezas creativas exceden ese título. Buen observador, paciente cuando de lo suyo se trata, suele dejar de lado ese estado frente a injusticias que lo rebelan hoy, del mismo modo que lo hacían en tiempos de esas figuritas impulsoras de una vocación. Memorioso y sufrido hincha de San Lorenzo, vive con una sonrisa que cumple la dura tarea de sostener el optimismo pero sin dejarse engañar.

 –Gus humorista gráfico, caricaturista, ilustrador, historietista, asistente de animación, todo esto va de la mano, pero si tuvieras que llenar una ficha que te pregunta acerca de tu profesión, oficio, trabajo ¿Qué  pondrías?

-Sin duda, Humorista Gráfico. Si bien, incursioné e incursiono, como mencionás, en diferentes ramas dentro del dibujo, en el humor es donde más cómodo me siento. Siempre me gustó dibujar, pero me decidí por esta profesión, por las historietas que consumía de chico y, fundamentalmente, cuando, allá por fines de los ’60, aparecieron las figuritas con caricaturas de futbolistas y otros deportistas, hechas por quien, 20 años después, fue uno de mis maestros: Jorge de los Ríos.

Además, en el humor es donde mejor me expreso, ya que trabajo sobre ideas y textos propios. En casi todo lo que hago está el humor, salvo cuando tengo que ilustrar sobre algún tema serio puntualmente.

-Garaycochea, de los Ríos y Ferro fueron algunos de tus maestros, en una época donde era inimaginable la computadora para dibujar y pintar, ¿en qué momento la tecnología pasó a ser indispensable para tu trabajo y cómo lo resolviste?

-Fue a fines de los ’90. Aunque la cocina de mis trabajos fue y aún sigue siendo el lápiz, el tablero y, en general, hasta la tinta. Luego, escaneo los originales y los termino en la computadora, dándoles color, luces, sombras y algunos efectos especiales si es necesario.                                                            

Incluso en los chistes con texto, si bien he usado y uso, según el caso, las excelentes tipografías que existen y parecen hechas a mano, escribo los diálogos a mano alzada, ya que creo que esto le da mayor calidez al trabajo y siento que se integra mejor al dibujo, al menos en mi caso. Hay ejemplos de esto, como Fontanarrosa, Quino, Caloi, Daniel Paz, Garaycochea, Maicas y Rep.

También, durante mis años en la animación desde 1998 al 2014, aunque hacía mucho ya se usaba la tecnología y todo se terminaba en la computadora, la cocina era el tablero.

-¿Cómo te organizás para que la tarea de explotar de la mejor manera el recurso técnico no te aleje del contenido y lenguaje de lo que querés transmitir?

-Creo que el dibujo debe estar al servicio de la idea y la tecnología al servicio de ambas cosas, enriqueciendo la obra y facilitando la tarea del dibujante, en la medida que sea necesario.

-Conocemos tu sensibilidad. ¿Qué autor o registro creativo en lo tuyo te conmueve y por qué?

-En mi profesión, me he dado grandes gustos: tuve de profesores y maestros a excelentes profesionales y personas como Garaycochea y Ferro en Humor Gráfico y Jorge de los Ríos en Caricatura. Conocí en persona a talentos como Carlos Nine, Fontanarrosa, Oscar Grillo, Quino, Mordillo y Alberto Breccia, entre otros. Tuve el honor de trabajar con otro grande a quien admiro como Caloi, en su última película de animación y compartir algo más que espacios de trabajo con un talentoso humorista y gran persona que fue Eduardo Maicas.

Mis referentes en caricaturas son Jorge de los Ríos, Jean Mulatier (francés) y Al Hirschfeld (norteamericano), con tres estilos muy diferentes.

En el humor gráfico, Garaycochea, Quino, Daniel Paz, Caloi y el Negro Fontanarrosa, a quien admiro como humorista, historietista y escritor.

-Algunos, nos incluimos, recuerdan aquellas caricaturas tuyas de Diego y Fito para esa publicación que es casi un incunable (Duende 10), en el que los dos, reunidos en Madrid por el periodista Carlos Bonelli, protagonizan un diálogo inolvidable. ¿Cómo llegaste y qué recordás de esa experiencia?

-Aunque aún no tenía mucha experiencia en caricaturas, conocía a Carlitos Bonelli, incluso antes de conocer la UTPBA, por intermedio de un amigo en común. Él me había contactado, primero con el Diario Sur para hacer una tira diaria durante el Mundial ’90 y después surgió la idea de Duende 10 para hacer las caricaturas de Diego y Fito. Fue una linda experiencia y pude ser parte de esa publicación “incunable” como vos mencionas, gracias a la generosidad de Carlitos.

Tengo una anécdota sobre la caricatura de Diego: Una vez, apareció esa caricatura de la revista en una bandera importante colgando de la primera bandeja de la Bombonera. Le habían cambiado la camiseta de la Selección por la de Boca y le pusieron una gallina en una mano y un cuchillo en la otra. Pensé en ir a reclamarles el derecho de autor, pero, no solo eran muchos, sino que mi condición de hincha de San Lorenzo hubiese complicado mucho las cosas.

Me hubiese gustado participar haciendo las caricaturas de Fidel y de Diego, en otro gran encuentro que organizó en Cuba el amigo Bonelli.

Por ahí, los cubanos hubiesen usado la caricatura de Fidel, para hacer una bandera con el Comandante agarrando del cogote al Tío Sam. En ese caso lo hubiera tomado como un aporte mío a la Revolución.

-Este presente te tiene metido en qué etapa de tu vida profesional.

-Estamos, por edad, cerca de la jubilación. Pero, por una necesidad que va más allá de lo económico, no tengo intenciones de jubilarme del dibujo.

Hace poco, una editorial me pidió que hiciera casi 200 chistes, la mitad mudos y la mitad con textos. Con el desafío que éstos debían ser atemporales, sin temas políticos ni religiosos y con un leguaje neutro, ya que se publicarían en otros países de la región en revistas de entretenimientos. Lo disfruté mucho y fue un extra de oxígeno y una caricia en plena pandemia.

Así que, mientras pueda, seguiré haciendo esto, por trabajo y por placer. Incluso, ante situaciones difíciles, como la realidad socioeconómica y política que suele castigarnos o como durante esta pandemia, porque es cuando más se necesita el humor y muchas veces cuando más fluye.

Yo necesito del humor y lo práctico a diario en mi vida cotidiana, aun sin un lápiz en la mano. Porque como dijo alguna vez Mordillo, en una de las mejores definiciones sobre el humor que he escuchado: “EL HUMOR ES LA TERNURA DEL MIEDO”.


(*) Periodista.

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