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Lito, neto y nato

Entrevistó Patricia D’Auria (*).- Ángel Fernández vive en Ciudad Jardín, El Palomar, y este año cumplió 80 años. Lito, como se lo conoce, carece de un CV armado y ordenado con su trayectoria, que siempre se movió en el segundo plano de la exposición y en el primer plano de la calidad. Misterix, Dennis Martin, Martín Hel, Haakon, Birdman, Capitán Siglos, Long Lester, Tex, Airboy, Batichica, Batman, Precinto 56, son parte de las más de 30 series en las que distintos autores se recostaron sobre su trazo inconfundible.

Lito nombra a Alberto Breccia como su maestro, mientras su memoria no deja pasar otros dibujantes y guionistas que permitieron que él vincule este oficio, este arte, este trabajo, con la alegría. 

-Si tu vida laboral fuese una serie de Netflix, serían no menos de tres temporadas. Difícil resumirla en cinco o seis preguntas. Haremos lo posible. ¿Tu llegada a la Escuela Panamericana de Arte y el encuentro con Alberto Breccia marcaron tu carrera? Contános cómo fue eso y de la definición de Breccia: “vos sos un historietista neto y nato”.

Sí, la marcaron. A los 17 años me subí al colectivo 60 rumbo a la Escuela Panamericana de Arte con la idea de estudiar publicidad. Llegué unos minutos tarde, las clases ya estaban empezadas, abrí una puerta y le pregunto a una persona que salía, ¿acá es publicidad? No, es  historietas, si querés, pasá. Me quedo parado dudando y el profesor con mirada fulminante me dice, ¿vas a pasar? Así que entré y me quedé. El profesor era nada menos que Alberto Breccia; no me fui más.

En una clase me dice “vos sos un historietista neto y nato”. Neto porque hacés historietas. Nato porque te sale de adentro como si hubieses hecho historieta durante toda la vida”. Breccia en su clase hacía concursos y en uno de ellos preparé algo basado en el dibujante que yo había elegido, Frank Robin, con mi estilo, sin copiar; pero en ese mismo momento yo había concretado una cita con el editor de Rayo Rojo, por lo que le digo a Alberto (Breccia) que no voy a poder dejar mi trabajo ya que lo voy a llevar a la editorial que me había citado. Entonces delante de toda la clase dice: “El ganador de este concurso no se presenta”. O sea había ganado, pero me llevé los dibujos a la editorial, era una buena posibilidad de trabajar.

Hijo único, a los trece años ayudaba a su padre en el reparto de diarios y en una de las recorridas llega a la casa de Ramón Columba, dueño de la reconocida Editorial Columba.  No perdió la oportunidad de mostrarle sus dibujos a ese hombre que  los recibió con una calidez que aún recuerda.

Años más tarde, Lito publicaría en Editorial Columba a Dennis Martin, uno de los personajes que más satisfacción le dio hacer. Lo esperaba una larga carrera. 

-Hugo Pratt, Robin Wood, Trillo, Ray Collins, Mazzitelli y Héctor Oesterheld, fueron algunos, de un listado envidiable, de los guionistas con los que trabajaste. ¿Qué significó trabajar con ellos? y, en particular, nos gustaría que nos hables de Oesterheld

-Me gustó muchísimo trabajar con todos. Un día Héctor (Oesterheld) se me apareció en mi casa, un departamento que alquilaba en la Avenida Libertador, adonde llegó pensando que yo trabajaba ahí. Me dijo que quería hablar conmigo y quedamos en vernos al otro día en un pequeño estudio que yo tenía cerca de casa.

Ahí me cuenta la posibilidad de hacer el Eternauta para un diario de La Plata, hicimos el primer capítulo, lo llevó al editor de La Plata, pero se frustró porque no hubo acuerdo económico.

Después trabajamos juntos a través de Skorpio que fue Bull Rocket, un personaje que me gustaba mucho, te diría tanto como Misterix, pero con otra madurez. También fuimos a Chile convocados por la editorial Pico Pato, donde hicimos una historieta que me encantó porque era medio en broma, ahí lo sumé a Eugenio Zoopi.

Ya en Buenos Aires después de un tiempo de no vernos, salimos del cine con Cecilia (mi mujer) serían cerca de las doce de la noche, íbamos caminando cuando veo a un hombre que venía de frente con la cabeza baja, y me dije, “estos pasos los conozco” y le grité  ¡Héctor!

Me miró y en voz baja me dijo un hola y chau seco y siguió. Con el tiempo me di cuenta que me estaba protegiendo. Fue la última vez que lo vi. Yo hablaba mucho con Elsa, su mujer.

-Hablemos de Misterix, que nace en Italia cinco años después que vos, que fue dibujado en sus inicios por el querido Eugenio Zoopi, a quien tuvimos el gusto de conocer y querer mucho en la UTPBA, y por vos en sus finales. Misterix era la identidad secreta de John Ferdigan, un inventor inglés que luchaba contra el mal mediante un traje que lo hacía invulnerable. ¿Eras lector de Misterix antes que te llegara la posibilidad de dibujarlo? ¿Alguna vez te sentiste identificado con el personaje? Tener ese traje era tentador.

-Sí, leía Misterix. Un día me llama a mi casa el tano Hugo Pratt, que quería verme personalmente, imaginate, yo era un pendejo, allá por los años 60. Llego al lugar de encuentro y me dice que tiene una muestra mía, jamás yo había llevado una muestra, miro el dibujo y no era mío, era de un ignoto dibujante que me había copiado bárbaro y había hecho Misterix, tragué saliva y me callé la boca. Ahí me explica que tenía al guionista Muñoz Cabrera, que es el que iba a guionar Misterix y que quería que yo lo dibujara. Así que lo dibujé durante dos años, el 64 y 65. Nunca fantasee con Misterix, pero sí soñaba, literalmente soñaba, con elevarme del suelo, fue un sueño muy recurrente durante muchos años.

-Alguna vez de definiste como un “entintador”, nos podes ampliar este concepto.

-Soy un definidor de áreas, sobre el boceto a lápiz de mis ayudantes, yo entintaba. Tengo la habilidad de adaptarme a cualquier dibujante y hacer mi estilo, yo corregía directamente con el pincel, el tiempo acuciaba, llegué a tener ocho ayudantes: hacía un libro de cien páginas más una saga de entre 36 y 48 páginas en 40 días. Breccia me decía “sos una rotativa”

– Nombranos algunos de tus ayudantes

-Son muchos, algunos fueron Cacho Mandrafina, Horacio Altuna, Alberto Macagno, Cristóbal, Eugenio Zoopi, todos grandes dibujantes.

-Suele pasar con los actores que cuando un personaje pega, quedan identificados con él, ¿te pasa o pasó en algún momento? Decir Lito Fernández y rápidamente asociarlo a…

Sin dudarlo te diría Dennis Martin y Precinto 56 en la revista Skorpio. Quizás otros personajes estuvieron más cuidados o con más despliegue escenográficos, pero no me dieron la satisfacción de hacerlo solo.

-Trabajaste para importantes editoriales de Italia, España y Estados Unidos, ¿tuviste la oportunidad de viajar?

-Fui invitado varias veces, pero mi situación familiar me impedía viajar, prioricé mi familia. No me arrepiento, hoy tengo 9 hijos y 22 nietos.

-¿Te gusta enseñar, lo estás haciendo actualmente?

-Sí, lo estoy haciendo y es una de las partes que más me agrada, porque me permite analizar cosas que yo vi de pibe, y seguir viéndolas nuevamente me da la posibilidad de descubrir otras y transmitirlo en la actualidad. Tengo 10, 11 maestros que los tengo impresos, algunos son; Jorge Zaffino, Milton Caniff, Frank Robbins, Alex Raymond, con ellos trabajo con mis alumnos.

-¿Te quedó algo en el tintero?

-Sí, un proyecto que me quedó trunco, era de un muchacho que yo lo situaba a fines de 1800, en Prusia, rozaba la guerra en aras de un amor, después de mucho tiempo me di cuenta que tenía unas connotaciones tremendas con mi vida. Nunca lo terminé y ya no podré hacerlo.


(*) Periodista.
Fotografía: Mariela Lobo.

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