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Volver

Por Leticia Amato (*).- Que 20 años no es nada… cantaba el zorzal criollo, sin embargo, este verso es difícil de entonar para EE.UU porque los 20 años que duró la invasión a Afganistán, mucho más que nada, representó un costo sideral desde toda perspectiva.

Que es un soplo la vida….

El balance arroja que la aventura bélica de EE.UU en medio oriente acabó con la vida de, por lo menos, 200.000 seres humanos, en su mayoría, civiles. Además, de las muertes, están las mutilaciones y heridas con que cargaran de por vida 20.320 soldados norteamericanos, según cifras que el pentágono no actualiza desde 2018.

Pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar…

Por otra parte, 20 años de devastación sistemática, ocasionaron en la región, el desplazamiento forzado en busca de alguna condición para el desarrollo de la vida, de 38 millones de personas, número sólo superado por los migrantes de la II Guerra Mundial.

Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno…
En términos económicos, la intervención militar en Afganistán le valieron al pueblo estadunidense -que es quien literalmente las paga con sus impuesto- la cuasi abstracta cifra de 8 billones de dólares (8.000.000.000.000 USD). A este numerito hay que sumarle la atención médica a los veteranos de guerra por los próximos 30 años en materia de traumas, mutilaciones e invalidez, que se calcula en 2 billones de dólares.

De modo que EE.UU democratiza la financiación de la “guerra contra el terrorismo” a través de los contribuyentes, pero es el complejo industrial militar-armamentístico, el que lejos de democratizar las ganancias, se alza, casi en exclusividad, con la mayor parte del botín. 

Bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy me ven volver….

Desde el punto de vista del medio ambiente, la aniquilación de los recursos naturales y el desastre ecológico que causó la guerra es aún incalculable. Aunque ya se sabe que desde que comenzó, el nivel de contaminación que se produjo en los ríos afganos, única fuente de agua dulce, no se podría revertir ni durante los próximos diez años. 

Y aunque el olvido que todo destruye…

Hacia el interior de EE.UU, varios analistas señalan que se atraviesa una crisis de credibilidad que remonta su origen al gobierno de Bush con el comienzo de la “guerra contra el talibán” y se fue sedimentando durante los gobiernos siguientes, alternados entre demócratas y conservadores, de Obama, Trump y Biden. Es que si fuera cierto que la guerra era contra el terrorismo islámico, 20 años después y a todas luces, en los siete días que duró el retiro de tropas, el ejército talibán recobró todas sus posiciones.

Volver, con la frente marchita…

A pesar de todo esto, como sabemos, el crecimiento de la maquinaria bélica debe justificarse, si en las décadas del ‘60 a ‘80 la excusa para alimentarla fue la “lucha contra el comunismo”, la argucia para la última veintena fue la “lucha contra el terrorismo”. En este sentido no podemos menos que preguntarnos cuáles serán las nuevas mentiras que propiciaran el conceso necesario para las próximas aspiraciones intervencionistas norteamericanas.


(*) Periodista. Secretaria de Asuntos Profesionales de la UTPBA. Miembro de la Secretaría de Juventud y Nuevas Tecnologías de la FELAP.

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