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Rep, un servidor

Entrevistó Patricia D’Auria (*).- Dice que se amigó con la palabra y que se enojó con la imagen. Miguel Repiso, Rep, vive la creación, sus creaciones, impulsado por un talento sensible y contundente.

-Tu imagen en estos tiempos, ya no es la de una persona sentada detrás del tablero, en un acto de creatividad inmóvil. Desde los murales, los libros, las publicaciones diarias,  hasta lo que experimentaste con Cuarentínimos, una de las formas que te diste para enfrentar la cuarentena, Rep no es aquél que encontramos siempre detrás de la misma puerta, salvo respecto de sus ideas. ¿Es un estilo, un desafío o una combinación?

-A esta altura del partido, ya no sé si es un estilo o un desafío. Me inclino más hacia lo primero, hacia una cosa de cambiar para probar otra manera de expresar distintas maneras de satisfacer mis nuevas curiosidades. Hay muchos temas que me interesan en la corta vida que nos toca, y lo que sé es que no quiero dedicar la mía a un par de temas dominados.

A mí lo que me gusta es probar técnicas y argumentos, y me siento muy influenciado, ya no por la historieta, sino por la literatura y las artes visuales en general. Esos son mis nutriciones culturales actuales. Y a eso se suma la tecnología, lo que le ha dado un movimiento y una velocidad a las probabilidades de expresarme que yo no esperaba, cuando me fui desarrollando en el oficio.

-Hay una frase que alcanzó su punto culminante de aceptación (acrítica) por prepotencia mediática: una imagen vale más que mil palabras. Hace un tiempo dijiste que cualquiera puede crear una imagen, pero que el verdadero reto es el contenido. También, y muy ligado con esto, señalaste que la imaginación, a la que considerás contenido, está ausente de nuestra época. ¿Podés ampliar ese concepto?

-Creo que hay que reconsiderar la frase. Una imagen sintetiza, pero no dice lo que mil palabras, hay cosas que se explicitan solamente con las palabras, y otras, con la imagen. Yo hoy, en plena era de la imagen, estoy enojado con ella. Estoy muy amigado con la palabra. Y es en la parte que soy más débil. Yo me formé para decir con dibujos, pero ahora quiero más contenido en las palabras, tengo que aprender por ahí. Para poder decir con ambos lenguajes y decir más profundo, sin límites.

Alguna vez hablaste de dos grandes líneas de trabajo: una que apunta más a lo personal y a tu propia evolución y otra que va al encuentro de un mundo del que vos tenés cosas para decir, porque no te las dijeron o porque te la vendieron cambiada. ¿Cuáles son tus criaturas en una u otra dirección?

-A mí me tocó en suerte, o como destino estético, traducir las cosas que veo en mí afuera: el mundo exterior a mí, lo social, lo histórico, lo ajeno; y el otro material es mí adentro, mi íntimo, mi situación anímica. Son dos materiales que no busqué, que encontré. Y que vengo trabajando desde mis veintipico, desde la Fierro de los ochenta, y exacerbado en la tira de Página, soy, fui, lo que se considera un raro, ya lo dijo Quino, y yo no tengo la culpa.

-¿El Mural del Bicentenario se puede ver como una síntesis personal y artística de Rep o sólo una de las fuertes señales por las que vas a ser recordado?

-Creo que lo del Mural del Bicentenario es solo un aspecto de mi labor. El tema histórico  me interesa mucho, pero últimamente me interesa mucho lo vegetal, las formas de la naturaleza. Respecto de lo otro, Yo quiero ser recordado como una persona de bien y que la luz de la que me serví en esta vida, haya sido mi arte, mi dibujo. Un servidor.

(*) Periodista.
Foto de portada: Flavia Merte

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