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Panamá: Pandemia y desigualdad

Por Norma Núñez Montoto (*), desde Ciudad de Panamá.- Panamá, un país de 4.28 millones de habitantes, arroja un total de 7,081 muertes por la covid-19. Se han administrado 4,073,049 dosis de vacuna, la gran mayoría de Pfizer, el principal proveedor del país. Existen 436,285 pacientes recuperados, 614 casos positivos nuevos, en un total acumulado de 452,598. Unas 7,955 pruebas han sido aplicadas, manteniendo un porcentaje de positividad de 7.7%. Los casos activos suman 9,304.  

Panamá, segundo país de Centroamérica con la distribución más desigual de la riqueza, ha resultado afectado por la pandemia de COVID-19, tiene una de las mayores tasas de pruebas diagnósticas por habitante de la región y, en consecuencia, la mayor tasa de incidencia de COVID-19. 

Con una sonrisa a punto de convertirse en mohín, Panamá celebra un mes con una evidente disminución de las muertes provocadas por la COVID-19, y ocho semanas consecutivas con una ligera pero clara tendencia a la baja de los casos reportados. La tímida alegría se espanta ante la presencia de la peligrosa variante Delta, que ya se pasea por las vecinas Costa Rica y Colombia y ha tocado la puerta de Panamá. Los casos de la variante Delta se han detectado en las provincias de Colón, Coclé, Los Santos, Herrera, principalmente en Chiriquí y entre viajeros que llegaron al Aeropuerto de Tocumen. 

Los contagios por COVID-19 están decreciendo en Panamá, con 674 nuevos contagios reportados en el último informe. Esto representa un 19% del “pico”, la media más alta, reportada el pasado 9 de enero. 

Ha habido 452.986 contagios y 7018 muertes relacionadas con el coronavirus en el país desde que comenzó la pandemia. Tal como se desprende de los informes diarios que ofrecen las autoridades de Salud, las medidas establecidas por el Ministerio de Salud (MINSA), la trazabilidad de los casos y la vacunación masiva, en conjunto con el comportamiento de la población, han sido positivas para que el sistema respondiera de forma oportuna y se redujera el impacto de la tercera ola de contagio de la COVID-19. 

En términos de la vacuna, Panamá se encuentra en un lugar digno, aunque incómodo por el COVID, ya que para finales de septiembre el 67% de la población deberá estar vacunada completamente. El 75% de los hospitalizados son personas no vacunadas y el 94 % de los fallecidos son no vacunados.  

Existen casos contagiados con la reciente variante, pero cuando se hace la trazabilidad con los familiares, estos resultan negativos, lo que significa que las personas cumplen con las medidas de bioseguridad. 

Arriba de la pandemia, soberbia, destaca la desigualdadun flagelo porfiado a encarar. No cabe duda que la comprimida capacidad de intervención y operación de las políticas públicas en muchos de nuestros países, nutre la desigualdad. El impacto socioeconómico y el colapso sanitario asociado a la pandemia de COVID -19, incrementaron el número de personas que no cuentan con medios de subsistencia. El Gobierno Nacional, en su rol de velar por el bienestar de los habitantes del país, adoptó medidas imprescindibles para mitigar, de manera solidaria, las necesidades de un número plural de ciudadanos en todo el territorio nacional, a través del Plan Panamá Solidario, bajo la modalidad de Bolsas de Comida, Bono Solidario y Vale Digital. Cifras recientes indican que se han entregado 8,419,666 Bolsas de Comida; 3,311,882 Bono Fiscal entregados; 9,922,398 Vale Digital Acreditado. 

Los altos niveles de pobreza y desigualdad propician que grupos importantes de la población no acumulen capital humano ni social, así como tampoco desarrollen capacidades que les permitan generar los niveles de ingreso requeridos para satisfacer sus necesidades básicas.  

Esto ha generado un ciclo propicio para la acumulación de desigualdad en medio de complejos mecanismos de redistribución del ingreso y bienestar. Además, ha provocado la desconexión de un conjunto importante de grupos étnicos y etarios del paquete de políticas públicas. De hecho, la política pública universalista en la entrega de servicios sociales básicos (salud, educación, vivienda, infraestructura) y las prestaciones no contributivas (subsidios de precios, programas de alimentos no focalizados, transferencias) en combinación con la protección social contributiva asimétrica, fomentó la provisión de servicios de baja calidad con bajos impactos en los indicadores sociales.                        

La pandemia ha creado conciencia en la población acerca de la importancia de producir alimentos. Muchos han regresado al campo y otros están produciendo en la ciudad, debido a que el COVID-19 ha afectado todo el sistema alimentario y el gobierno ha tenido que tomar decisiones y medidas para que todos los panameños tengamos acceso a los alimentos.   

Mientras tanto, en las calles, la desigualdad expuso nuevamente, sobre el concreto, la discordia entre el pánico, la sensatez y el desamparo. 

La Sociedad Panameña de Pediatría, ha hablado alto y claro. “El regreso presencial a las aulas es indispensable para el desarrollo educativo y social de los niños y adolescentes”. 

Hay 455 escuelas, de las más de 3,900 que tiene el país, que imparten clases semipresenciales. La Sociedad Panameña de Pediatría tildó el martes de “impostergable” el inicio de las clases presenciales en el país, donde las escuelas fueron cerradas en marzo de 2020 a causa de la pandemia, siempre cumpliendo las medidas de bioseguridad. 

Otro grupo de padres trasfiere los temores de los dirigentes magisteriales y se niega a enviar a sus hijos a la escuela. Hay escuelas en las que un grupo muy reducido de niños acude a clases semipresenciales y la gran mayoría permanece en sus casas recibiendo educación a distancia. 

En palabras del Doctor Israel Cedeño, director de la Región Metropolitana de Salud del Ministerio de Salud, hay dos comportamientos claves para vencer el Covid-19, el del virus y el de la ciudadanía. Receptor de muchas de las interrogantes que surgen en la población, al calor que le van imprimiendo el miedo y la incertidumbre que ha impuesto al mundo, la aparición inédita de la pandemia, todo depende del comportamiento de la enfermedad y de la población.

Las cifras suben y bajan, como la marea, pero a su paso van dejando una secuela mortal. Abrir y cerrar bloques, apretar o flexibilizar la cuarentena. Hay dos comportamientos claves para vencer el Covid-19, el de la enfermedad y el de la población. Síntesis de nuestro complejo nivel de comunicación que, al mismo tiempo, puede determinar un comportamiento específico y desencadenar sus consecuencias. El desenlace está en nuestras manos.

(*) Periodista .Vicepresidenta de FELAP por Panamá. 

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