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Luis Suárez: “Nunca pensé que mi muerte existiera”

El compañero Luis Suarez (*), con apenas 17 años fue teniente de las milicias de la República Española, cuando la guerra “mal llamada civil”, según sus propias palabras. Periodista de extraordinaria trayectoria en México, recorrió diversos países y entrevistó a grandes personalidades políticas, de la literatura y el arte del siglo XX. Fue el gran conductor de la FELAP, como secretario general primero y posteriormente como presidente hasta su fallecimiento el 31 de mayo de 2003.  

Aquí, entrevistado por el compañero Juan Carlos Camaño (**), meses antes de su muerte, Luis recuerda aspectos de su vida que, como era habitual en él, lo impulsaban a luchar sin límites por un mundo mejor.   

– Estamos en Cuernavaca, México. En su casa, amplia y hospitalaria. Luis acaba de grabar para la televisión y de enviar por correo electrónico su artículo al diario. Hizo varias llamadas telefónicas y recibió unas cuantas. Leyó los periódicos, dio instrucciones para el almuerzo y, como casi todos los días ajustó detalles y más detalles. Incansable. Por fin, se sienta. A sus espaldas lucen unas buganvillas lilas y un cielo enorme y limpio.  

– Con mi primer sueldo en la Unión Radio Sevilla mis padres me autorizaron a comprarme una bicicleta… historias que he contado muchas veces: Sevilla, Triana, la escuela Reina Victoria, donde cursé la primaria. Recuerdos del porvenir, como dijera Elena Garro en el título de una de sus novelas, entre esos recuerdos la guerra de España, mal llamada civil. Con diecisiete, dieciocho, años fui teniente de las milicias republicanas y cuando se formó el Frente Popular, en 1936, era yo secretario de la Juventud Socialista de Sevilla. Siempre en la lucha y también en esa guerra desgarrante, sin tiempo para llorar a nuestros muertos.  

Con el licenciado Luís Echeverría y
el comandante Fidel Castro .

– ¿Y con la muerte qué?  

– La muerte de los demás me ha impresionado más que la presunción de la mía, quizás porque nunca pensé, ni estando en combates ni bajo otros peligros ocultos, que mi muerte existiera. Y no porque no temiera a la muerte, sino porque sólo me dolía que murieran los niños y los jóvenes sin haber vivido.  

– ¿Y con la vida qué? 
 

– El oficio de periodista me puso a escribirla fraccionada, bajo las experiencias del reportaje, la crónica y la entrevista; también en libros. En “Puente sin fin”, mis memorias parciales, intento contar algo de la vida y de la mía inserta en la colectiva. Y aquí estoy desde 1918, año en que mi madre me echó al mundo y como dijo el poeta Pedro Garfias “Qué cosa de locura, antes de que hoy se vaya ha llegado mañana, y ayer no se va nunca”. 

-Eras, dijiste, secretario de la Juventud Socialista de Sevilla… 

– Pues sí, por el vuelo de los sueños más concretos que los que me ligaban a ciertas ataduras religiosas de Albaida del Aljarafe, región de la campiña sevillana, lugar donde nací. A los quince años me integré a la Juventud Socialista, teniendo un padre anarquista, algo vacilante en su agnosticismo; y una madre muy creyente, aunque no beata. En el año ’36 ella, a diferencia de todas mis tías, votó al Frente Popular diciendo: “Donde esté mi hijo no puede ser malo”. En 1953, cuando volví a ver a mis padres, le pregunté a mi madre qué quería que le regalara y ella me contestó. “Que tú y papá me acompañen a la iglesia, y una medalla de la Virgen de Lourdes”. Lo hicimos y entonces la parafraseé a ella: Donde esté mi madre no puede ser malo. Y esto sin hacerme creyente, me hizo más cristiano. 
 

– El 18 de julio de 1936 comienza la Guerra de España, ¿qué hacías ese día? 

– Salí de mi casa a las nueve de la mañana camino a Unión Radio Sevilla y me extrañó no oír las radios de todos los bares y tabernas gritando las noticias del día. Había versiones, rumores, movimientos nerviosos. Al mediodía no fui a mi casa, sino al Ayuntamiento a saber, allí tenía amigos. Cuando me regresaba al trabajo me sorprendió el tiroteo en pleno centro de la ciudad. Poco después la emisora estaba en manos de los sublevados. Salimos del edificio del Gobierno Civil bajo una lluvia de balas y nos dirigimos a Triana. Me dieron un arma y disparé. Ellos también disparaban y en la noche oscura como a propósito, nos gritábamos para animarnos… cosas que han pasado y se han quedado con uno. Recuerdo que salí de Triana corriendo, sin poder saludar a mis hermanos a los que volví a ver más de veinte años después. No así a mi hermanita, de quien enseguida recibí noticias de su muerte estando yo embarcado rumbo a América, más exactamente a México. 

Con el presidente Salvador Allende, en septiembre de 1970

– Antes de ir para México estuviste en Francia, y antes en Madrid. De Triana a Madrid, a combatir… 
 

– Sí, claro, llegamos a Madrid e inmediatamente nos incorporamos al batallón “Octubre”, de la Juventud Socialista Unificada y allí contacté con personas que participaban en las decisiones de la guerra o la política. Si estaba vivo no tenía más remedio que crecer. 

– Soldado, periodista, escritor, gremialista… 

– Y viajero, no te lo olvides, viajero por obligación y por gusto. Mira, yo ingresé a la guerra como socialista y miliciano y salí de ella comunista y Capitán de las Fuerzas Armadas de la República. De España fui a Francia y luego a México y luego anduve por todo el mundo. En México, a poco de llegar conocí a uno de los hombres de mayor personalidad arrobadora: el Carlos Contreras de nuestra canción de guerra, la del Quinto Regimiento. Ese italiano apasionado y apasionante comunista que fue Vittorio Vidali, ex representante de la Internacional Comunista de México, quien entonces usaba nombre italiano, tampoco propio. El suyo, su verdadero nombre, era Enea Sormenti, según lo leería en el bello libro Tinísima, de Elena Poniatowska. 

– ¿Eras comunista y stalinista?  

– ¿Es que acaso se podía, en ese entonces, ser enemigo de quien era llamado capitán de la victoria antifascista…? Por eso, sin ánimo justificativo, habría que hacer una diferencia, al menos de matiz, entre el sambenito de stalinista y el ser admirador y seguidor de Stalin en las grandes luchas del siglo por el que era arrastrado nuestro protagonismo juvenil… Stalin tiraba del carro de la historia y yo creo que, en eso, y en otras cuestiones, empequeñece abjurar sin valorar las circunstancias.  

– Con Carlos Contreras viajaste a La Habana, a ponerte bien cerca de la revolución recién parida. Alguna vez te escuché decir que ahí fuiste con más oídos que boca…  

– Sí, porque de pronto, en mayo del ’61, me encontré conversando en el Hotel Habana Libre con Carlos (Contreras), Enrique Lister y el Che Guevara. Sinceramente, no recuerdo qué hablamos. Enrique Lister -gallego él- fue comandante de la famosa Once División. Pertenecía a los duros en nuestras filas. De Carlos podría agregarte que fue la gran pasión de Tina Modotti, la expresión más romántica conocida del activismo femenino en el comunismo internacional. Tengo el recuerdo de una mujer esbelta, vestida de negro, con macilento color amarillo en el rostro y en las manos. Tal vez no era así, pero así está en mi memoria. El Che era, como un día me dijo su madre, doña Celia de la Serna de Guevara: “un hombre que seguirá adelante”. Eran los días iniciales de la Revolución Cubana… recuerdo cuando Fidel -el 17 de abril de 1961- declaró el carácter socialista de la Revolución y muchos intelectuales de izquierda se asustaron. Así como mi amigo, Fernando Benítez, quien me dijo: “con esa declaración Fidel nos crea dificultades para seguir defendiendo la Revolución Cubana”. 

Luis con Camaño en Cuernava

– Cuarenta y dos años después se escuchan voces similares, más bien de gentes miedosas, de intelectuales de convicciones tambaleantes. Háblame de tu relación con Fidel.  

– Fidel es uno de los grandes conductores de la historia desde los tiempos clásicos. Las veces que lo traté, por entrevistas concedidas, me impresionó su capacidad de descender, o quizá deba decir elevarse, desde las cuestiones prácticas o teóricas a preguntar por la salud o la situación de personas amigas comunes. En 1998 perdí a uno de mis más sólidos enlaces con el líder revolucionario: Antonio Núñez Jiménez, en cuya casa habanera ha pasado Fidel largas horas, también junto a Gabriel García Márquez. He estado en Cuba muchas veces y con Fidel algunas. Recuerdo que en el año ’86 fui con el ex presidente de México, Luis Echeverría, a visitarlo en Cayo Largo. Él nos invitó a pescar y dijo, comeremos lo que pesquemos y cuando llegamos al punto donde había que sumergirse se lanzó al agua armado de un rifle submarino y con cuchillo al cinto. Con la barba adelgazada, puntiaguda por el agua chorreante, parecía un Neptuno, un personaje mitológico. 

– ¿Qué cosas de ayer están vigentes hoy en las palabras del Che? 

-Cuando el Che era ministro del Banco de Cuba y ministro de Industria, en 1961, fuimos con un grupo de periodistas a entrevistarlo y alguien de nosotros le preguntó qué deberían hacer los revolucionarios de América Latina si los norteamericanos atacaran a Cuba y él respondió: No nos han atacado por la existencia de la URSS y por nuestra decisión de luchar. A la agresión hay que responder con agresión… En este momento que se quiere aislar a Cuba, en cada país hay que luchar contra ese propósito.  

– Sé que Chile te tira tanto, o casi, como España ¿Qué explicación tiene eso?  

– Vuelvo siempre a esa tierra dulce del vino y los mariscos, de la poesía y de tantos cadáveres y desaparecidos, porque su suerte o mala suerte se me pega a España. A ambas tierras las agrupa la poesía de Pablo Neruda, que me concedió la última entrevista de su vida en 1973, cuando la traición de los militares terminó con ese gran hombre que fuera el doctor Salvador Allende. 
 
– Frente a los grandes dramas de América Latina, frente al sufrimiento de nuestros pueblos, tanto en la profesión, como en la lucha colectiva, nunca escuché que te cansaras, a pesar de los años. 

– Cuando se lucha por una sociedad mejor esa lucha es inagotable. Procuramos el horizonte, la utopía, siempre, siempre, siempre, y para ello no hay edades. La peor ancianidad es la deserción (***). 



(*) Entre otras figuras relevantes del siglo pasado, Luis se entrevistó con Fidel Castro, Ho Chi-Minh, Indira Ghandhi, Willy Brandt, Omar Torrijos, Salvador Allende, Felipe González. 

(**) Actualmente presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP). 

(***) “Carlos, otra vez Vittorio Vidali, volvió a la encrucijada italiana: triunfador como senador comunista por Trieste y un cortejo lo despidió con la marcha fúnebre de los héroes que nunca conocen la peor ancianidad, que es la deserción, ni el agotamiento”, del libro “Puente sin fin, testigo activo de la historia”, que fuera dedicado especialmente a sus hijos Aurora y Luis Ignacio, y a quien fuera “mi colaboradora en múltiples tareas, amiga y colega, Rosa María Holguín de del Río…” 

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