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El poema de Lenin

Por Ana Villarreal (*).- El poema debía publicarse en Ginebra, en la revista Raduga (Arcoíris), que desaparece antes de que la poesía llegue a destino. La obra de 290 versos, bajo el título “Desde el destierro” lleva la firma de “Un ruso”. Su autor es Vladimir Illich Lenin. 

Los líderes revolucionarios comparten en su esencia el propósito de erradicar una sociedad aborrecida, injusta y desigual, engendro del sistema capitalista. 

Coinciden, también, en la voluntad y tenacidad para sostener la lucha hasta el último minuto de sus vidas. 

De muchos de sus aportes teóricos se han valido cientos de hombres y mujeres, para llevar a la práctica procesos revolucionarios en todo el mundo. 

Sin embargo, en su universo de agudas sensibilidades, son casi una excepción quienes han incursionado en los cánones de la poética para dejarnos su legado.  

Tal vez, Mao TseTung y Ho Chi Min sean los casos más populares, que han mostrado las líneas sutiles y ligeras, la agudeza delicada, tan propias de la contemplación y meditación orientales. 

Y en geografías más cercanas, varias publicaciones nos han acercado a un Ernesto Che Guevara incursionando en la estructura de los versos. 

En el caso de Lenin, es casi desconocido su, hasta ahora, único poema. No se halla en el contenido de las ediciones de su obra completa y recién, a mediados de los setenta, fue publicado por primera vez en castellano por la revista Crisis, en su primer número, en Argentina.  

Las referencias históricas indican que la obra fue compuesta en tres días por Lenin. Fue el corolario de intensas charlas mantenidas con Gregorie Alexinsky, en torno al valor de la poesía en los procesos revolucionarios.  

Alexinsky, miembro del Partido Socialdemócrata ruso y diputado en la Duma en representación de Petersburgo, era el director de la revista Arcoíris. 

Las discusiones con Piotr Al, alias de Alexinsky, sobre la literatura revolucionaria y el yo trascendido en la poesía militante, tuvieron lugar en 1907, en la aldea Selvista, en Finlandia, donde Lenin vivía en la clandestinidad. 

Algunas de las imágenes del padecimiento humano, contenidas en el poema de Lenin, bien podrían aplicarse a pincelar la realidad pandémica de nuestros días. 

“…trastornados los elementos y los hombres,
Los corazones oprimidos por una inquietud oscura,
Jadeaban los pechos en la angustia,
Resecas las bocas se cerraban…” 

“…Y para los hombres la vida se hizo detestable y opaca,
Vida y muerte le fueron igualmente insoportables,
Les rondaron sin tregua la cólera y la angustia
Fríos y vacíos y oscuros sus corazones como sus hogares…” 

Sin embargo, lejos de quedarse en la poética de la inmovilidad, Lenin se iguala a sus pares. Empuña los versos en aras de la redención del sufrimiento y los vejámenes. Así, la esperanza es puesta en pie de igualdad con el llamado a unirse y a luchar. 

“…Pero es aún temprano para que la tumba celebre la fiesta de victoria sobre la vida
Aún bajo las cenizas se incuba la chispa
La chispa que la vida reanimará con su soplo…” 


(*) Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y delegada a la Federación Latinoamericana de Periodistas –FELAP-. 

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