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Frutilla

Por Leticia Amato (*).- “Al atraco ellos le llaman I.V.A, razón tenían cuando hablaban de vacunación masiva…” Rap colombiano.

Días de intensa violencia y represión se viven en las principales ciudades del país que vio nacer a Fernando Botero, Laura Restrepo, García Márquez, Fernando Vallejos, entre tantos otrxs artistas. Una mirada retrospectiva a la actual situación de crisis nos invita a sospechar que el conflicto, lejos está de haber comenzado el día que River no pudo ir a jugar la Copa Libertadores a Colombia.

Decenas de personas desaparecidas, miles de heridos y abusos, incluso, sexuales perpetrados por parte de las fuerzas de seguridad colombianas es el saldo que hasta ahora registra un conflicto que -aunque lleva décadas sedimentándose- se desató a causa de la, por ahora fallida, intentona de reforma tributaria del devenido tweetero presidente de Colombia.

En el summum de la paradoja y haciendo gala de una enorme capacidad eufemística, hasta el Departamento de Estado norteamericano calificó de “exceso” la brutalidad con la que las fuerzas policiales colombianas intentaron, infructuosamente, detener las manifestaciones en rechazo a los nuevos embates de una política económica, que en la lotería neoliberal se compró todos los números.

La gota que derramó el vaso lleno de derechos básicos insatisfechos, en un país de 51 millones de habitantes, se sitúa en los últimos meses de 2019 y los primeros de 2020, cuando organizaciones estudiantiles, sindicales y diversas personalidades de la cultura convocaron a un “Paro nacional”, y realizaron una serie de marchas en reclamo del curso que adoptaron las políticas económicas, sociales y ambientales, al tiempo que denunciaron asesinatos de campesinos y dirigentes sociales en distintos puntos del país. Por aquel entonces, el Ministro de Defensa colombiano debió renunciar a su flamante cargo, ejemplo que recientemente siguió en estampida el Ministro de Hacienda.

Las manifestaciones desoídas en 2019 fueron apenas pausadas por la situación extraordinaria que atraviesa el mundo a raíz de la pandemia. Las dificultades más que resolverse se agudizaron dejando en evidencia que la mayor parte de la sociedad colombiana se encuentra en un profundo estado de desprotección, justo cuando el gobierno colombiano corona la debacle sanitaria, económica y social con la frutilla de un postre destinado a unos pocos. La Reforma tributaria es totalmente regresiva, recae sobre las clases medias y bajas del país poniendo impuestos a toda la canasta básica familiar, cuando tenemos la tasa de desempleo más alta de los últimos 25 años, asegura la artista plástica colombiana Vanesa Gil.

Por su parte, Andrea Echeverri, cantante de la mítica banda de pop alternativo Aterciopelados, expresó que está convencida que los artistas deben comprometerse existencialmente y con toda su expresión creativa para ayudar al cambio que tanto necesita la sociedad.

Colombia, en cuyo territorio hay distribuidas estratégicamente en zonas fronterizas, al menos, siete bases militares norteamericanas, transitó sesenta años de conflicto armado interno, que comenzó a decantar hacia vías institucionales a partir del Acuerdo para la terminación definitiva del conflicto, firmado en La Habana, en 2016.

Como si no tuviera suficiente, el joven conservador presidente de Colombia (juventud: tan relativa como efímera virtud que durante su campaña electoral se ponderó hasta el hartazgo) insiste además en atropellar la soberanía de su país hermano, Venezuela, a fuerza de discursos beligerantes, especialmente flameados frente a organismos financieros europeos y norteamericanos, que apoyan sin disimulo un accionar de claro cuño intervencionista.

El país de Shakira se ubica en el segundo puesto del ranking de los países más desiguales de Latinoamérica y séptimo en el mundo. Contradicción que arrojan los números, puros y duros, cuando indican que la economía del país creció casi 7% anual mientras que la desocupación arroja al 42% de la población a la pobreza. Ecuación que no cierra, sobre todo cuando parece que el único presupuesto que el gobierno colombiano no pretende recortar es el del plomo de las balas que las fuerzas policiales disparan por doquier.

(*) Periodista. Secretaria de Asuntos Profesionales de la UTPBA. Miembro de la Secretaría de Juventud y Nuevas Tecnologías de la FELAP.

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