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Un día del mundo

Por Ana Villarreal (*).- “Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo. No. Un día de un viejo árbol es un día del mundo…” La balada del álamo carolina. Haroldo Conti.

Un día de la vida de una persona es un día del mundo. O debería serlo, en el actual entorno, donde la realidad empuja al abismo, sin nada de qué agarrarse, a millones de seres humanos.

Es muy fina la línea ideológica entre la aplicación de un artículo 42 de la legislación de Estados Unidos para expulsar inmigrantes y la reciente declaración de la administración socialdemócrata danesa contra los residentes no occidentales en su país de “sociedades paralelas”.

Sin lugar a dudas, la pandemia ha convertido en hierro aún más caliente, a los muros, que en el planeta, con casi un centenar de casos, avergüenzan a la condición humana. De acuerdo a un relevamiento realizado por la investigadora Elisabeth Vallet, de la Universidad de Québec, antes de la irrupción del Covid, en el mundo existían cerca de 70 vallas, contra la decena que podían contarse a principios de los años 90.

Así, los gobiernos, durante más de 30 años, no han escatimado presupuestos destinados a mantener guardias fronterizos, equipos sofisticados de videocámaras, iluminación y armamentos, sembradíos de minas y explosivos, tendido de alambrados electrificados, con púas o láminas cortantes en sus contornos.

Podríamos citar unos cuantos países y diseños de muros como el de Estados Unidos contra México y por carácter transitivo contra Centroamérica; el de Francia en el puerto de Calais y el túnel ferroviario en el Canal de la Mancha, entre otros.

Que los muros llegan para quedarse es una afirmación que casi no ofrece resistencia ante el cotejo de la realidad. Más de 2700 kilómetros de arena fortificada, condena, desde 1980, al sufrimiento y la tortura a miles de ciudadanos saharauis.

En Belfast, la capital de Irlanda, aún subsiste la separación del barrio de los habitantes católicos con la zona habitada por las personas protestantes. El acuerdo de paz fue sellado en 1969 y la promesa de anular las barreras fue anunciada por las autoridades para 2023.

A esta realidad sombría, se agregan con su sesgo criminal miles de murallas invisibles, tantas como seres humanos sufrientes, que minuto a minuto son privados de vacunas, alimentos y condiciones de vida de igualdad y dignidad.


(*) Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y delegada a la Federación Latinoamericana de Periodistas –FELAP-..

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