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I’m not your negro

Por Leticia Amato (*).- “Nos necesitaban para recolectar el algodón y ahora, que ya no nos necesitan, nos van a matar a todos”. I’m not your negro se titula el documental nominado al Oscar en 2016, que realizó Raoul Peck, basado en el ensayo del escritor norteamericano James Baldwin, Remember this house, sobre la historia de los movimientos anti raciales en EE.UU y sus principales referentes: Malcom X, Martin Luther King y Medgar Evers.

No soy tu negro, se ven forzados a clamar una y otra vez los ciudadanos afro estadounidenses frente al racismo institucional que, en el país de la libertad, continúa segregando, marginando y asesinando.

Las macabras imágenes en las que se observa a la policía de Kenosha, Wisconsin, disparar a Jason Blake, a quemarropa, por la espalda, siete veces, se repiten como un loop siniestro y aterrador apenas tres meses después de que el mundo fuera también testigo ocular del feroz asesinato de George Floyd perpetrado por la policía de Mineápolis.

Ni el crimen de Floyd, ni el malogrado asesinato de Blake configuran hechos aislados o esporádicos en la sociedad norteamericana, muy por el contrario, son el resultado de un estado que sistemáticamente margina, discrimina, encarcela, condena a la pobreza y mata a su población negra, la segunda minoría racial después de la hispanoamericana.

Cabe preguntarnos al menos, ¿cómo se construye el imaginario de un “otro” cuyo color representa una amenaza per se? ¿Por qué se criminaliza a la población afro estadounidense? ¿Por qué estas representaciones sociales fundadas en la discriminación racial configuran el sustrato de la idiosincrasia de una parte importante de la sociedad norteamericana?

La muerte de ciudadanos afro estadounidenses por estrangulamiento o por disparos de balas a manos de la policía, no resulta algo novedoso. En julio de 2014, en la ciudad de Nueva york, Eric Garner, luego de repetir once veces que no podía respirar, fue asfixiado hasta morir por un agente de policía, a quien un jurado neoyorquino exculpó al poco tiempo.

Un mes después, en agosto de 2014, en Ferguson, Michel Brown, joven afro estadounidense de 18 años murió tras recibir seis impactos de bala que le disparó un oficial de policía. También en este caso, la justicia norteamericanaconsideró al oficial inimputable.

Antes, en febrero de 2012, fue el homicidio de Trayvon Martin, joven estudiante afro estadounidense, de 17 años, y la posterior absolución de culpa y cargo de su asesino, un agente de seguridad del estado de Florida, el punto de partida para el nacimiento del movimiento anti racial Black Lives Matter, que vuelve a decir presente.

Por aquel entonces, la madre de Trayvon Martin declaraba en un programa televisivo: ellos no vieron a Trayvon como su hijo, como un adolescente, no vieron a Trayvon como un ser humano.Ocho años más tarde, casi con idénticas y estremecedoras palabras, la madre de Jason Blake expresó frente a las cámaras de televisión que hacían guardia en el hospital donde su hijo pelea por sobrevivir: ¿Cómo nos atrevemos a odiar lo que somos? Somos seres humanos.

No puedo ser pesimista porque estoy vivo. Yo no soy tu negro, soy un hombre, denunciaba James Baldwin en 1976.

Parece obra de un diletante maquiavélico que la población afro estadounidense deba invocar su propia condición de “ser humano” a un estado que promueve, legitima y deja impune las manifestaciones y crímenes de odio racial.

(*) Periodista. Secretaria de Asuntos Profesionales de la UTPBA. Miembro de la Secretaría de Juventud y Nuevas Tecnologías de la FELAP.

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