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Huracán María: una cobertura indeseada

Por Glorinel Soto (*), especial desde Puerto Rico.-  Cuando decidí estudiar periodismo me era imposible imaginar que en mi lista de coberturas estaría la del peor desastre que ha vivido Puerto Rico en los últimos 90 años. Si hubiese podido elegir, no hubiese querido ser parte de la historia de mi país, no así.

A 27 días del paso del huracán María por Puerto Rico hay 45 muertes, confirmadas por la oficialidad, el archipiélago sigue sin servicio de energía eléctrica con pocas excepciones en el norte del país que tienen el servicio de manera intermitente. El asunto del agua es igual. Solo algunas areas de la mal llamada “area metropolitana”, usualmente cuando tienen energía eléctrica, reciben el servicio, también con interrupciones.

Las filas en los supermercados y otros comercios continúan como continúan las quejas de los residentes del centro y sur de Puerto Rico por no recibir suficientes suministros.

Y mientras eso ocurre a través del 100 x 35, en la zona “metro” de la isla, específicamente en Santa Juanita, Bayamón, algunas barras han comenzado a abrir sus puertas y las personas llenan los lugares a desbordar. Otros, insisten en continuar con las salidas familiares de los viernes. Y aunque no son ajenos a las críticas de quienes les acusan de egoístas por buscar disfrute mientras otros no tienen qué comer, lo cierto es que los boricuas se aferran como náufragos a la orilla a lo poco de cotidianidad que ha quedado. Unos lo hacen para olvidar las historias de dolor que han escuchado o vivido y otros, como método para resistir a la tentación de montarse en un avión con destino a algún estado de EE. UU., que se ha convertido en el “refugio” de los 30 mil boricuas que ya abandonaron su suelo caribeño.

Pero el escape es pasajero, aún con cerveza en mano no se habla de otra cosa que no sea de todo con lo que arrasó María. Y de cuando en cuando, alguien comenta sobre la gallardía boricua y suelta la frase que inunda al país “Puerto Rico se levanta”.

Y sin duda se levantará, pero el proceso es lento y mientras lo hacemos, cada mañana salgo a trabajar esperando que el número de muertes no aumente y que la comida caliente llegue también a los estómagos de mis compatriotas en toda la isla.

Informar es hoy, más que nunca, mi forma de ayudar a una sociedad que continuamente se convierte en receptores o emisores involuntarios de rumores que exacerban la calma y la poca tranquilidad que aún se resiste a morir.

(*) Periodista. Miembro de conducción de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO). Integrante de la Secretaría de Juventud y Nuevas Tecnologías de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

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