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Los justos y los perversos, una cuestión de puro lenguaje

Por Juan Chaneton (*).- Si Rajoy fuera un hombre democrático no impediría mediante la represión el derecho a decidir.

Si Trump amara la paz no amenazaría con matar hombres, mujeres y niños.

Catalunya y Corea del Norte exhiben, hoy, los límites del capitalismo en cuanto modo de organizar la sociedad humana en términos de existencia moral.

El humanismo burgués de todos los tiempos ha planteado la moralidad del individuo como ethos identitario último, esto es, como dato que lo diferencia definitivamente del animal. Y la moral, en esta mirada, no es una moral privada sino pública, porque sólo en la polis (en la sociedad) alcanza el individuo el estatus de hombre libre, y será libre sólo si puede elegir. El derecho a decidir, entonces, define qué es moral y qué no lo es.

En cuanto a la paz, ha sido tema presente en todos los sistemas filosóficos de occidente y aun en la reflexión de filósofos que abominaban de las cosmovisiones. Y así, Hegel, por su parte, consideró que las épocas de paz eran las páginas en blanco del libro de la historia; y Nietsche, por la suya, creyó que los instintos (es decir, la no-razón) estaban en la base de la humanización del animal. Ninguno, en suma, tenía un buen concepto de la paz.

Pero ni Rajoy ni Trump invocan respaldos filosóficos para sus exabruptos. Ninguno de ellos esgrime la autoridad de Kant, por ejemplo, para abogar por la paz perpetua en su casa o en el mundo.

Ni Rajoy ni Trump conocen a filósofo alguno pero conocen muy bien la lìnea roja que no ha de cruzarse jamás bajo riesgo de que el lucro y los negocios que posibilitan el privilegio entren en zona de riesgo.

Catalunya sometida y Corea del Norte destruida constituyen la condición de existencia de un statu-quo que no puede realizar la democracia ni la libertad sin aquella sumisión y sin esta destrucción.

Catalunya independiente pone en riesgo la unidad territorial de España, alucinan. En realidad, lo que podría entrar en zona de turbulencia, más temprano que tarde, es el presente y el futuro de la Corona, pues España sería una idea problemática con monarquía y sin Catalunya.

Y Estados Unidos, sentado a la mesa del diálogo, de la paz y de la multilateralidad con Rusia y con China tornaría inviable a una economía (a su economía) que necesita de la guerra para reproducirse como economía. El gasto militar del imperio es la suma del PBI argentino más 200 mil millones de dólares. Demencial, claro, porque en el mundo hay hambre.

Así las cosas, no condenemos, en primer lugar, a Rajoy y a Trump. Ellos son, apenas, lo que se ve de un todo más grande que funciona con dinámica propia y que tiende a escapar de todo control.

Decimos nosotros: Estados Unidos e Israel, regímenes canallas representados en la ONU, no sólo apoyan a los terroristas sino que amenazan a otras naciones y a su propio pueblo con las armas más destructivas que la humanidad haya conocido.

Dijo Trump en la ONU, el 19/9/17: “Los regímenes canallas representados en este organismo no solo apoyan a los terroristas, sino que amenazan a otras naciones y a su propio pueblo con las armas más destructivas que la humanidad haya conocido”.

Al parecer, entonces, no es un problema de forma el que reclama nuestra atención, sino de fondo, de contenido. Las palabras pueden ser las mismas, pero entonces, ¿cómo saber?

La práctica es el último criterio de verdad. Rajoy ha dicho, a propósito de Catalunya, que “… España defiende la libertad, la democracia y el respeto a las personas y sus derechos…”. Las hordas policiales del Estado español, sin embargo, han allanado, encarcelado y conculcado la libertad y el derecho a la libre expresión de todo un pueblo que lo único que quiere hacer el 1º de octubre es decidir si marchará o no a la independencia.

Y Trump, por su parte, acaba de manifestar en la ONU: “… Debemos defender el respeto a las leyes, el respeto a las fronteras y el respeto a las culturas, y el compromiso pacífico que ellas permiten”. Pero el 19 de agosto último la coalición dirigida por EE.UU. bombardeó al propio ejército sirio, no a los terroristas. Ello ocurrió en Al Kader, en Racqa, como si dijéramos Rosario, Santa Fe. Justo cuando Siria y Rusia están derrotando a los terroristas y la paz se insinúa como posible en Siria.

La opción -que a un tiempo es política y existencial- nos la impone la hora que atraviesa la humanidad. Si los muchos justos no se enfrentan a los pocos perversos, entonces el mal triunfará. Esto último también lo dijo Trump en la ONU. Todo reside, una vez más, en saber quiénes son los justos y quiénes los perversos y si la humanidad ha de encontrar el bien en la guerra o en la paz.  Pero es una cuestión práctica, no de lenguaje, al contrario de lo que comenzó insinuando el título de esta nota.

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