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Ante el terror en acto, ir a las causas

Por Juan Chaneton (*).- Otra vez el terror golpea y los medios masivos de comunicación que lo difunden, en clave de amarilla exhibición, son los mismos que no difunden los crímenes de Estados Unidos y franquicias que operan, interpósitas, como mandatarios y por cuenta y orden del Departamento de Estado y de la defensa y la inteligencia imperial anglosajona.

Desde la ya casi lejana época del español Javier Solana al frente de la OTAN, pasando por la destrucción de Irak con el protagonismo estelar de aquel hombre sin atributos llamado José María Aznar, hasta el hoy de una España embanderada en cuanta “coalición de la voluntad” perpetra el imperio para “reconfigurar” geografías distantes, esta Iberia, todavía monárquica, no puede esgrimir asombro ni estupor ante el pérfido golpe que ha sufrido la capital de Catalunya, sino que mejor haría en acometer un examen de conciencia como ejercicio espiritual apto para verse a sí misma  -y no ya como país sino como Estado responsable-  en el lugar que ocupa en la percepción de los pueblos de Siria, de Afganistán, de Irak, de Libia y de cuanto escenario mesooriental ha conocido, en los últimos años, el espantoso dolor de quedarse, poco a poco, sin patria, sin vida, sin qué ofrecer como futuro a los hijos de la tierra.

Esta España de Rajoy y de “Felipe VI” (¡¡¡…!!!) ha sido partícipe necesario y coautor de aquellos crímenes ya sea desplegando su  presencia militar en el teatro o como patético fantoche de unos Estados Unidos que aún hoy siguen comprometiendo a todos en sus desvaríos delictivos y provocaciones en todo el mundo.

Aylan Kurdi y Omran Daqneesh son los nombres de dos niños sirios, uno  ahogado y otro sobreviviente de guerras que se libran en el terreno y en los medios y que constituyen la causa primera de migraciones masivas hacia occidente pues los pueblos huyen de la guerra y no quieren irse de su patria sino sólo que cese la muerte para no irse, pero ni eso, ni fin de la guerra ni nada humano ofrecen la OTAN de Estados Unidos y España, la monárquica España del pacto de la Moncloa que hoy, por obra de los amigos que ha elegido su gobierno para actuar en el mundo recibe, en el cuerpo del pueblo español, el golpe vengativo del terror al cual sería muy fácil combatir si a Medio Oriente se llevara la paz y no la guerra permanente.

Rusia lleva la paz a Siria y combate en serio al autor de esta masacre, que es el Estado Islámico, o ISIS, o Daesh, que son diversos los alias de estos delincuentes; y los Estados Unidos, como aporte a la paz en Siria… combaten a Rusia.

Rusia ofrece petróleo y gasoductos a Europa y Estados Unidos se opone porque Rusia -dicen Trump y sus secuaces- debe ser  “sancionada” porque espió las elecciones de nuestra democracia que, de tan indirecta, resulta ya casi medieval.

En suma, la banda Bush-Clinton apeló, en su momento, al terror plantado como herramienta de su loca política exterior. A la asociación ilícita así conformada se le unió, más tarde, otro forajido al servicio de las peores causas, Obama, que no por negro resultó progresista, que es como lo quisieron vender los medios. Hoy, como en las novelas de Salgari, se incorpora a la infame aparcería guerrerista,  un  D’Artagnan atormentado, un cruzado del nacionalsupremacismo, que delega en los que saben los asuntos de la guerra, y los que saben son los mismos que “sabían” antes, es decir, nada ha cambiado en los Estados Unidos en este punto de la agenda, y la guerra y los negocios de la guerra seguirán sembrando la muerte de los pueblos, ya sea en nombre de la democracia occidental o como odio fundamental de los que apelan a la shariá o la venganza santa.

Lo curioso resulta ser el hecho de que ningún medio de los “serios” ha mentado a los EE.UU. y sus guerras criminales dispersas por el mundo a sol y sombra, en todos los rincones del planeta, como causa eficiente y final del atentado en Barcelona y en todos los lugares en que, en la última década, han tenido  lugar estos horribles episodios.

Alguna vez habrá que tomar conciencia de que no alcanza con enarbolar un pavote Je suis Barcelona cómo única y emocional reacción ante el terror desplegado como puesta en escena de una tragedia que no hará sino repetirse en el futuro si no se dirige toda la fuerza de la opinión mundial hacia las causas últimas de estos crímenes del siglo XXI.

Así las cosas, la difusión obscena del terror en acto resulta funcional al armamentismo continuado, pero para que el terror vuelva, una y otra vez, en clave de venganza santa y legitimando la respuesta,  hay que seguir haciendo la guerra al terror en todo el mundo. El círculo perverso se cierra, así, y no asombra, pues qué asombro pueden suscitar aquellos que, un “nine-eleven” de 2001, no dudaron en mandar a la masacre a varios miles de los propios, de honestos y creyentes ciudadanos de los Estados Unidos de Norteamérica.

(*) Periodista y escritor

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