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Truman Capote. O de cómo un “subnormal” aprendió a nadar contra la corriente

Por Leticia Amato (*).- “Hasta una mañana de mediados de noviembre de 1959, pocos americanos -en realidad pocos habitantes de Kansas- habían oído hablar de Holcomb. Como la corriente del río, como los conductores que pasaban por la carretera, como los trenes amarillos que bajaban por los raíles de Santa Fe, el drama, los acontecimientos excepcionales nunca se habían detenido allí.”

Así comienza A sangre fría (In cold blood) el texto que, sin duda, catapultó a su autor al cielo de los escritores norteamericanos del siglo XX donde continúa brillando gracias a un estilo único e inimitable, aunque, según relató en una oportunidad, “cuando tenía unos doce años, si no recuerdo mal, el director de la escuela a la que asistía visitó a mi familia y le dijo que en su opinión, y en la de los demás maestros, yo era “subnormal””.

Truman Capote nació en 1924, en New Orleans, al sur de los Estados Unidos, zona geográfica que compartió con los escritores William Faulkner y Flannery O’Connor, entre otros, y que imprimió a su literatura un cariz especial. “Mi infancia transcurrió en regiones del país y entre personas que carecían de toda actitud cultural. Lo cual probablemente no fue malo, a la larga. Me endureció desde muy temprano para nadar contra la corriente; en verdad, en algunos aspectos desarrollé los músculos de una verdadera barracuda, especialmente en el arte de lidiar con los enemigos, un arte que no es menos necesario que el de saber apreciar a los amigos.”

Comenzó a darle vida a esta particular -única hasta entonces en su género- novela “nonfiction” en el año 1959, cuando ya era considerado un reportero consagrado, a partir de un hecho policial que sacudió la monotonía de un recóndito pueblo de Kansas llamado Holcomb y conmovió, por aquel entonces, a la opinión pública nacional e internacional: el asesinato de los cuatro integrantes de una familia de granjeros, los Clutter.

No cabe preguntarse si fue A sangre fría la mejor de sus obras literarias porque lo que la hace singular -y por lo que fundamentalmente se la valora- es por el carácter de la investigación periodística que sus páginas contiene y además por la original forma que encontró Capote de novelar los sucesos verídicos.

En efecto, esta obra de inevitable abordaje en la formación periodística, se destaca precisamente porque dio origen a un nuevo género literario que combinaría de ahí en adelante, hechos reales con la tensión y la estructura argumentativa propias de la novela. En este sentido, y buceando por las letras de estas latitudes se puede emparentar A sangre fría con la novela nonfiction de Rodolfo Walsh, Operación Masacre.

“-No me extraña nada -contestó la señora Clare-. No hay más que ver cómo pasó la vida Clutter, siempre obsesionado con la prisa, precipitándose a recoger su correo sin tener nunca un segundo para decir «buenos días», «gracias», corriendo de acá para allá como un gallo sin cabeza, haciéndose socio de clubes, mangoneándolo todo, acaparando puestos que quizás otros querían. Y fíjate ahora… Todo se le acabó. Bueno, ya no tendrá prisa por ir a ninguna parte.”

Por otra parte, en términos de investigación periodística, este texto contó con la rigurosidad obsesiva de Capote que se trasladó al pueblito de Holcomb, donde realizó cientos de entrevistas a testigos, familiares y vecinos, que le permitieron ir componiendo el tiempo y la forma en que sucedieron los acontecimientos, las características de la familia asesinada, así como también las de los dos homicidas a quienes entrevistó cuando los encarcelaron, poco antes de que fueran ejecutados. Sin embargo, todo el trabajo de campo del que se valió Capote para elaborar la novela, no cobró verdadera y definitiva forma hasta 1966, luego de ocho años del famoso crimen, Truman Capote logró terminar de escribir y publicar A sangre Fría. La novela fue muy esperada y así se vendió, estuvo en el ranking de best sellers durante 34 semanas.

Capote escribió antes y después de A sangre fría, otras memorables novelas como Otras voces, otros ámbitos, Desayuno en Tiffany´s y otros tantos libros de cuentos como Árbol de noche y otras historias, Una guitarra de diamantes o Música para camaleones, (jugosísima compilación de trabajos periodísticos, donde se encuentra la entrevista que le realizó a Marilyn Monroe), pero como él mismo afirmó: “Esencialmente, me considero un estilista, y los estilistas son notoriamente proclives a dejarse obsesionar por la colocación de una coma y por el peso de un punto y coma. Las obsesiones de este tipo, y el tiempo que me quitan, me irritan hasta lo indecible.”

(*) Periodista. Miembro del Centro de Integración Latinoamericano y Caribeño (CILC)

 

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