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Marta Harnecker, pedagoga de lo imposible

Por Isabel Rauber (*).- Marta Harnecker (**) definía a la política como el arte de hacer posible lo imposible. A desgranar y orientar ese arte, ella dedicó gran parte de su obra, trazando un derrotero pedagógico político para contribuir a la construcción de un mundo nuevo.

Supe de ella cuando apenas pisaba los 17 años, en mis primeros pasos políticos ‑pero ya en penumbras por la persecución dictatorial‑, a través de sus Cuadernos de educación popular y luego con los Conceptos elementales del materialismo histórico. Las fotocopias de aquellos textos circulaban entre nosotros como un tesoro que había que resguardar y compartir. No imaginé entonces que años más tarde coincidiría con Marta en La Habana y, menos aún, que trabajaría con ella y juntas construiríamos en 1991, el MEPLA (Centro de Recuperación y Difusión de la Memoria Histórica del Movimiento Popular Latinoamericano).

Aprendí mucho a su lado. Convergencias y diferencias estimularon debates y enriquecieron reflexiones, enfoques y labores que compartimos enfocadas en un proyecto común hacia un futuro de plenitud humana. Lejos de mi imaginación que, en noviembre de 2018 –debido al delicado estado de salud de Marta‑, recibiría en su nombre –y a solicitud expresa de ella‑, el Premio CLACSO de Ciencias Sociales.

En esa ocasión recordé que intelectuales orgánicos, como Marta Harnecker, comprometida con los pueblos, acompañan y aprenden con ellos y, a la vez, expresan su enfoque crítico acerca de sus prácticas, buscando ayudar a los protagonistas a crecer y a desarrollar también en ellos la mirada crítica respecto de sus experiencias, para madurar, fortalecerse y renovar esfuerzos y voluntades colectivamente.

Sus aportes alimentan la concepción pedagógica de la educación popular que apuesta por la producción de saberes colectivos. Es por ello que Marta combinó la elaboración de textos de formación política-conceptual, con aquellos abocados a la recuperación de experiencias creadoras de lo nuevo por parte de los pueblos, sin prejuicios ni temores al “qué dirán”. Ella no procuró grandeza personal, sino rescatar y difundir las creaciones alternativas de los pueblos, buscando aportar así a la construcción de un horizonte colectivo en común. Su depurada técnica de entrevistas estuvo siempre anudada a esa finalidad pedagógica política.

En tanto conocimiento construido su producción teóricaes una obra conjunta, hilvanada y reconstruida paso a paso con quienes ha interactuado para su elaboración y a todos —incluyendo al intelectual participante—, hizo crecer, reflexionar y madurar. Y ello se condensa en sus textos, que constituyen una gran obra política pedagógica popular que aporta a la maduración de la conciencia revolucionaria colectiva.

Consciente de que los procesos revolucionarios no son obra de élites iluminadas ni de mesianismos individuales, Marta ha escudriñado en sus investigaciones las luchas de los pueblos.

Rescatando sus experiencias, reflexionando acerca de ellas y difundiéndolas, Marta Harnecker contribuyó eficazmente a robustecer procesos de maduración y empoderamiento colectivos, aportando a la acumulación y maduración de la conciencia política popular, fortaleciendo las capacidades creadoras de los pueblos decididos a construir un mundo nuevo, estimulando aquellas propuestas –como la del planeamiento participativo‑, capaces de producir rupturas y distanciamientos cada vez más profundos respecto de la hegemonía del capital.

(*) Filósofa argentina-cubana, investigadora, escritora.
(**) Periodista, escritora, psicóloga, socióloga. Nació en Chile en 1937. Falleció en junio de 2019.

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