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Desalambrar la subjetividad en tiempos de pandemia

Por Héctor González (*).- Mi amigo se llama Ariel y es terraplanista. Cree que nuestro planeta es una meseta inmensa contenida en los costados por paredes de hielo y como “techo” una densa nube de gases. Forma parte de algunos grupos de whatsapp junto a hombres y mujeres que comparten esta mirada.

Ser terraplanista implica sentirse un outsider, un antisistema. Decir que la NASA es la gran titiritera de esta ficción que es el mundo tal cual lo conocemos. Constituye sin saberlo la esencia de la hegemonía en el sentido más gramsciano del término. Ser terraplanista es casi un sinónimo de ser antivacunas, porque la conspiración parece ser la misma, y las redes de ese poder omnímodo que teje mecanismos de control, curiosamente no corresponden en esta cosmovisión a las huestes del capitalismo financiero como maquinaria de explotación, sino a un grupo de misteriosos sujetos; y si bien denuncian el lobby de los laboratorios también denuncian que las vacunas “contagian” autismo y que constituyen en sí, una forma de dominación que tiene como objetivo la instauración de un nuevo orden mundial con el sello triangular de los iluminati.

Ariel se define como “investigador” y su campo disciplinar es youtube. Consume de manera acrítica videos y suscribe “memes” que llevan como firma la de algún supuesto especialista. “Yo creo que” dice ante cada argumento y desestima aquellos de raíz científica por considerarlos “ciencia oficial”.

En tiempos de pandemia y aislamiento social obligatorio, cobra relevancia la idea de infodemia, esa combinación nefasta de miedo, ignorancia y sentido común. Envueltos en un aura de incuestionada verdad, proliferaron noticias, estadísticas y hasta audios de supuestos funcionarios de tercera línea, testigos de reuniones decisivas que nos recomendaban salir corriendo a comprar fideos.

Mi amigo Ariel es terraplanista y eso implica ser un sujeto interpretado, hablado por las redes. Natalia Aruguete y Ernesto Calvo en el libro de reciente aparición Fakenews, trolls y otros encantos: Cómo funcionan las redes sociales, nos dicen “la atención selectiva es el proceso mediante el cual prestamos atención a contenidos y usuarios que son consistentes con nuestra cosmovisión. La atención selectiva es determinante para entender cuáles son los usuarios a los que seguimos y los contenidos que ‘aceptamos’”, y de ahí que uno pueda leer en tiempos con tiempo para navegar, diversos muros y posteos que dan cuenta de imaginarios números de victimas silenciados por el gobierno, de nefastas intenciones de meternos dentro de nuestros hogares para tenernos dominados mientras llega ese sospechado nuevo orden mundial.

El enemigo de Ariel ya no es la NASA, ahora es la OMS, y la prueba irrefutable del engaño es la papaya de Tanzania.

Los nuevos modos de concebir la existencia de la verdad, como algo único e incuestionable, condicionan cualquier posibilidad de descolonizar nuestras subjetividades.  Esa es una vieja enfermedad que podría definirse como pandemia. Pero Ariel no lo sabe, y se cree rebelde. Y duele saber que hay otros como Ariel, igual de peligrosos, aunque defiendan la esfericidad de un planeta que sigue girando a los gritos.

(*) Licenciado en Comunicación Social. Periodista. Docente

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