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El Sillón de Rivadavia

¿Hasta cuándo? Al hablarse de la situación en radio Rivadavia entre los trabajadores, la pregunta no espera otra respuesta que contenga la inmediatez. Pero la ilusión y el deseo, ampliamente justificados por una lucha ejemplar que sirve de argumento contundente, viven esquivando obstáculos hasta para reclamar una versión urbana y colectiva de “allá lejos y hace tiempo”.

El juzgado comercial 50 que entiende en la quiebra de REC SA, explotadora de las frecuencias de radio Rivadavia y FM 103.1, acaba de poner una nueva fecha, próximo 30 de agosto, para la subasta de ambas emisoras, tras la postergación pedida por quienes (Grupo Vila) pretendían hacerse cargo de la empresa, presentando un avenimiento con todos los acreedores a los efectos de levantar la quiebra.

Cuando el remate tenía fecha del 12 de julio, el juez Horacio Federico Robledo hizo lugar a la presentación del mencionado grupo que había solicitado la postergación, con el objetivo de que tuviera tiempo de presentar la documentación requerida. Sin embargo, la nueva fecha anunciada para la subasta supone que ese trámite no fue cumplimentado en los términos previstos por la ley.

Los últimos dos párrafos no pueden esquivar un lenguaje “técnico”, casi alejado de la preocupación que organizaciones y trabajadores han expresado durante años y que hoy vuelve a ser puesta en máxima tensión, tras haberse aceptado acompañar el avenimiento.

Transcurridos más de 10 meses de declarada la quiebra de Rivadavia la radio sigue al aire -principal garantía para quienes pretendían el avenimiento y también para posible oferentes- y eso sólo se justifica en la capacidad de todos los trabajadores y sus organizaciones (AATRAC, UTPBA, SAL, SUTEP) de tener claridad y convicción en su lucha, que siempre tuvo como objetivo preservar los puestos de trabajo, cobrando el salario en término (un reclamo, este último, que se explica conociendo la historia de los históricos dueños, los Cetrá).

El trabajo de todo el personal –que nunca dejó de reclamar la deuda salarial previa a la quiebra y la posterior a la misma- hizo que Rivadavia continuara al aire, contribuyendo para que el juzgado, la sindicatura, el Enacom dispusieran de todas las garantías para una venta que, se dijo desde el primer día, debería darse preservando todos los puestos de trabajo. Lo supieron quienes vinieron por el avenimiento, lo supo el juez Robledo al incluir al personal en el edicto en el que se anuncia la subasta de las radios.

La pregunta inicial incluye hastío, bronca, indignación, pero también no deja de traducir la persistencia de una pelea, lugar desde donde se formula ese interrogante acuciante. Los trabajadores y sus organizaciones vienen haciendo una demostración de lucha que no se permite una respuesta sin la continuidad de todos los que trajeron a Rivadavia hasta acá. No hay nadie que se vaya a sentar en el sillón que no lo sepa.

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