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La tienda de los remiendos

Por Ana Villarreal (*).- Aún persiste en la memoria olfativa el invasivo perfume del alcanfor que se desprendía de una minúscula bolsita casera de tela, prendida en un lugar de la camiseta de invierno. Eran tiempos de polio. Para los chicos de aquella escuela rural, la enfermedad era la amenaza de un monstruo que le había quitado la posibilidad de correr a muchos niños y que, a María Luisa le había cambiado, de por vida, los zapatos. Por siempre, llevaría en el calzado de su pie derecho una grosera plataforma de madera.

Aquellos hechos han significado una metáfora de alcance para otras situaciones, en las que la ignorancia arrastra a instalar, con total comodidad intelectual, explicaciones que ganan generalidades. Porque,  ¿qué poder paliativo real sobre la epidemia de poliomielitis podía encerrar ese habitáculo de manufactura casera que guardaba el alcanfor? Años más tarde, merced al conocimiento, la razón le daba el justo lugar a las vacunas de los doctores Salk y Sabin.

Con el convencimiento de que no ver más allá de la pobreza es otro tipo de pobreza, la decisión que llevaría al hospital María Ferrer a conformar una única unidad asistencial junto a cuatro centros más, permite advertir una nueva amenaza a la atención de la salud pública en la ciudad.

El María Ferrer se fundó en 1936, en el marco de la epidemia de tuberculosis. A partir de 1955, fue un centro pionero en la asistencia respiratoria mecánica, cuando la ciudad de Buenos Aires ocupaba un destacadísimo lugar en el mundo con casos de poliomielitis. Fue el primer centro de terapia intensiva respiratoria del país y hoy, junto a otro en Brasil, es único en su tipo América Latina.

Desde el análisis presupuestario se justifica la calificación de “hospital caro”por la ecuación de camas y oxígeno, que lo diferencia de otros centros de atención. Lo que dicha comparación esconde es que el Ferrer es el lugar público donde se atienden los casos de EPOC, la llamada tuberculosis del siglo XXI y que cuenta con el Hogar Respiratorio, único en el país con su unidad de ventilación mecánica prolongada, en el que camas y oxígeno, se entiende, guardan una relación que no admite cuadros comparativos con ninguna otra unidad de asistencia.

Hoy se registran más de 43 mil consultas anuales de personas que provienen de distintos lugares del país y 700 horas de trabajo de quirófano en cirugías de alta complejidad. Y, según lo admiten directivos y especialistas de esta rama de atención, es una referencia de formación para anestesistas y cirujanos del país y de Latinoamérica.

En estos días, un proyecto de traslado a las instalaciones del Hospital Muñiz, donde se atienden enfermedades Infecciosas, sumándolo a la mudanza de los centros de gastroenterología, Bonorino Udaondo; de oncología, Marie Curie y el Instituto de Rehabilitación Psicofísica conforman la propuesta gubernamental del llamado Complejo Hospitalario Sur.

La unificación de estos cinco hospitales ha provocado el alerta de trabajadores y especialistas sobre los riesgos que conllevaría la concreción del proyecto. Mientras tanto, en el terreno de los argumentos, el “ahorro presupuestario”y la alternativa inmobiliaria, parecen ser una oferta más en la tienda de los remiendos.

(*) Periodista. Miembro de conducción de la UTPBA.

 

 

 

 

 

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