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Becho Eizmendi junto a Alfredo Zitarrosa

Mariposa marrón de madera

Por Ana Villarreal (*) .- Poco tiempo después de la toma del poder en Cuba, Fidel Castro convocó a músicos de todo el mundo. A esa cita acudió, entusiasta, con su violín, Carlos Julio Eizmendi, el Becho, para integrar una formación de artistas en la isla.

Era la primera experiencia fuera de Uruguay de Eizmendi,  quien inspiró a Alfredo Zitarrosa a componer uno de sus temas más emblemáticos, “El violín de Becho“.

Esa agrupación que resultó del llamado de Fidel, “era el Real Madrid”, diría tiempo después Eizmendi sobre la Sinfónica Nacional de Cuba, donde él ocupó el principal lugar entre los violinistas que la integraban.

El músico uruguayo, nacido en la localidad rochense de Lascano, había debutado a los 17 años en el legendario Teatro 25 de Mayo, de la Plaza Independencia de la ciudad de Rocha. Desde allí, partió hacia el Caribe y luego recorrió escenarios del mundo, Alemania, Francia, España, Bolivia, Venezuela, entre otros.

Con Alfredo Zitarrosa lograron construir un lazo humano y artístico entrañable. Compartieron larguísimas jornadas de trabajo creativo. Algunos recuerdan, particularmente, una de ellas.  En un registro fílmico, de reciente circulación, San Pedro, el gato de Zitarrosa aparece enloquecido siguiendo la sombra que el arco del violín de Becho proyectaba sobre el suelo, con intenciones de atraparla. Las imágenes registradas dan cuenta  de un juego que recorre todos los rincones de la sala, donde el gato alcanza el rol de director musical.

Luego de dejar Lascano, la Barra del Chuy y Rocha, Becho vivió en Montevideo y viajaba a esta última ciudad para dar clases de música. Cuentan que, en una oportunidad, perdió el ómnibus que lo debía llevar al encuentro con sus alumnos. Dicen que tomó un taxi para recorrer los 200  kilómetros que separan a ambas ciudades. El costo de corresponderse con su deber, en ese momento, le implicó gastar la totalidad del sueldo del mes.

La notoriedad de Carlos Eizmendi no ha tenido relación proporcional con la popularidad, que sí logró la canción de Zitarrosa “El violín de Becho”. A tal punto, que hasta hoy, muchos suponen que la obra de don Alfredo hacía referencia a un personaje de la ficción. Imperdonable designio que la ignorancia puede imprimir sobre la memoria de la vida de un hombre, que tal vez, pueda hallar reparo y abrigo en la belleza de los versos de su amigo Alfredo,  “…mariposa marrón de madera/niño violín que se desespera/cuando Becho lo toca y se calma/ queda el violín sonando en su alma…”

(*) Periodista. Miembro de conducción de la UTPBA

Sobre Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires

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