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Hace frío y estoy lejos de casa

Era como en el cine cuando se sabe que la función se acaba

porque atrás ya andan los acomodadores

abriendo las cortinas…. (Los pichiciegos, 1983)

Por Leticia Amato (*).- El primer discurso ficcional de la literatura argentina contemporánea que aborda la cuestión de la Guerra de Malvinas es, sin lugar a dudas, la novela Los pichiciegos, del escritor argentino Rodolfo Fogwil.

El texto fue escrito en vísperas del final de la dictadura militar y antes de que la guerra terminara, dato éste absolutamente relevante ya que lo distingue del resto de los textos literarios que abordaron el tema con posterioridad y le confiere un valor superlativo. Escrito en 1982 y publicado en 1983, Los pichiciegos es el texto que abre en la narrativa argentina la vertiente posible de un contrarrelato de la guerra de Malvinas (El país de la guerra, Martín Kohan, 2014).

En aquel contexto, y al mejor estilo goebbeliano, los medios masivos de comunicación fueron portadores directos del discurso oficial de la dictadura cívico-militar con el que construyeron la mística de la guerra de Malvinas. Sin embargo, lejos de este relato, existió un otro discurso, el discurso ficcional cuya palabra puso en cuestionamiento no solo la guerra de Malvinas sino también, en coincidencia con el enfoque que planteó el filósofo León Rozitchner, denunció la línea de continuidad que tuvo esta con el terrorismo de Estado que comenzó el 24 de marzo de 1976.

Los pichiciegos es una novela cuya segunda lectura ofrece un cariz denunciatorio que, de alguna manera, anticipa a partir de la ficción gran parte de las atrocidades que formaron parte de la realidad -paradójicamente- de la farsa de la guerra de Malvinas.

Los personajes del texto son soldados de entre 18 y 20 años provenientes de distintas provincias del país y si bien sus miradas del mundo y de la guerra son distintas, los hermana la férrea decisión de seguir vivos a pesar del abandono de sus superiores. Los pichis eran muertos que vivían debajo de la tierra. (Los pichiciegos, 1983).

Fogwill construye una suerte de isla dentro de la guerra de las islas, una madriguera provista de condiciones que garantizan la supervivencia de los jóvenes que allí se esconden. El santiagueño les contó: – El pichi es un bicho que vive debajo de la tierra. Hace cuevas. Anda de noche. Tiene cáscara dura –una caparazón- y no ve. (Los pichiciegos, 1983).Esa realidad paralela, abierta en forma de trinchera clandestina, constituye un espacio auténtico y propio, el único que están dispuestos a organizar y defender. Viterbo recordó cuando el sargento los había juntado y les dijo: – Córtense solos porque de esta no salimos si no nos avivamos… (Los pichiciegos, 1983)

La visión crítica que despliega Fogwill en Los pichiciegos logra, mediante el discurso literario, sortear la censura para advertir acerca de los horrores de la guerra y las atrocidades de un Estado autoritario y criminal.

(*) Periodista. Secretaria de Asuntos Profesionales de la UTPBA e integrante de la Secretaría de la Juventud de la FELAP.

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