Home / Notas / ¿Qué es el socialismo chino? Segunda Parte

¿Qué es el socialismo chino? Segunda Parte

Por Guido Fernández Parmo (*).- II. Apertura y capitalismo. Desde los primeros días de la Revolución existieron líneas internas en el Partido sobre cómo debía ser conducida la economía del país. Sobre todo, desde los años 1950, luego del fracaso del Gran Salto Adelante impulsado por Mao, en el Partido empezó a tomar importancia la figura de Deng Xiaoping. Este líder político, adversario de Mao y blanco de la Revolución Cultural, terminó tomando las riendas de la política-económica de China en el año 1978. Por simplificar las cosas, podemos decir que con el triunfo de Deng Xiaoping había ganado la “derecha” del Partido.

La historia de la China comunista puede ser entendida en tres tiempos. Wang Shaoguang, intelectual de la Nueva Izquierda China, habla de Socialismo chino 1.0, el de la Revolución de Mao que tuvo un crecimiento del 6.5 del PBI de 1953 a 1978, y un socialismo chino 2.0, el de Deng Xiaoping, que le apostó al crecimiento por medio de la desigualdad.

Deng Xiaoping fue el que impulsó las reformas económicas de los 1980 y la apertura de China a la economía de mercado. Sin entrar en demasiados detalles, se pueden pensar dos momentos de estas reformas: la década del 1980 y la de 1990. Dos escalones hacia el capitalismo. Reformas en el campo que pasaron de las Comunas Populares a un sistema de producción de responsabilidad familiar, y reformas en la ciudad en donde de a poco fueron apareciendo empresas privadas junto a las estatales.

El capitalismo chino es tan ambiguo como el socialismo chino. El número de chinos que vivía con menos de un dólar pasó de 490 millones en 1980 a 88 millones en el año 2003. Pero también, el índice Gini, que mide la desigualdad, pasó de 0,33 en 1980 a 0,454 en el 2003, esto es, por encima de la mayoría de los países capitalistas ricos.

La desigualdad se disparó.

Básicamente, el Estado chino empezó a desentenderse de ciertos servicios sociales, deteriorando la salud y la educación de su población y, en consecuencia, su calidad de vida. En el año 2004 se consideraba que sobraban 25 millones de personas en el sector industrial y 300 millones en el agrícola. En las ciudades empezó a aparecer una nueva clase, la de los desposeídos y desempleados, que al final de los 1990 alcanzaba el número aproximado de 100 millones de personas.

Y para aquellos que todavía conservaban sus empleos, la situación tampoco mejoró demasiado. El empleo estatal disminuyó un tercio de 1998 a 2002. Los nuevos empleos privados precarizaron el trabajo, la cobertura social, los derechos y la sindicalización. Mientras que en 1998 el sector privado producía el 10% del PBI, en el 2003 había aumentado al 50%.

En cuando a la educación, por ejemplo, ocurrió un fenómeno que permite entender bien la dinámica en las sociedades capitalistas. Mientras que la tasa de escolarización pasó del 73% en 1998 al 91,22% en el 2002, al mismo tiempo la deserción escolar en las regiones más pobres empezó a crecer.

La desigualdad se disparó.

Y el crecimiento de China empezó a privilegiar la eficiencia al bienestar y puso la política en busca del crecimiento. ¿Cómo se explica esto? Como recuerda bien Wang Shaoguang, la antigua política económica no conducía a la competencia y a la eficiencia máxima, pero sí al bienestar y a la igualdad. No hay que darle muchas vueltas: la falta de rendimiento, por ejemplo, de las Comunas Populares o de la Industria, no era una limitación involuntaria de la economía comunista. La máxima eficiencia, sencillamente, no era algo que se buscara. Lo que se buscaba era extraer una plusvalía que no era económica: el bienestar del pueblo.

Plusvalía Humana vs. Plusvalía Económica.

A partir de la apertura, China batió todos los records de crecimiento. Entre 1980 y 2017, EEUU multiplicó su PBI casi por 7, China por 76. Dicho de otra manera, mientras que, en 1980, el PBI de EEUU era 10 veces el chino, hoy, el chino es 20% mayor que el norteamericano.

Pero así como crecía la economía, crecía la desigualdad.

Los números no deben confundirnos nunca: en el capitalismo el crecimiento siempre es desigual. Cuando se habla de mejorar la economía, de estabilizarla o normalizarla, esto siempre acontece a costa de una mayoría que ya no disfrutará de los beneficios de ese crecimiento. La ecuación liberal, sostenida por ejemplo por Zhang Weiying, economista de la Nueva Derecha china, que dice que libertad y mercado son dos caras de la misma moneda y que a mayor libertad mayor riqueza, se refuta con las consecuencias de la apertura.

Económicamente no hay cómo justificar la desigualdad, habrá que empezar a hablar de pobres inmorales, de desempleados vagos y de enfermos débiles. Habrá que empezar con la farsa ideológica liberal.

La apertura es pensada también políticamente. Hablando de un país comunista esto quiere decir apertura democrática. Pero, como dice Lin Chun en su libro La transformación del socialismo chino, “cualquier democracia es incompleta sin una gestión democrática del centro de trabajo, seguida por la justicia en la repartición de las ganancias y la distribución de los ingresos”. No deberíamos olvidar que el trabajo ha sido, y lo sigue siendo, la vida misma de cualquier humano, es lo que hacemos, donde depositamos la mayor parte de nuestro tiempo y el origen de todas las cosas que tenemos (desde nuestra ropa, los televisores y la comida, hasta las catedrales góticas, las pirámides, la música y la literatura). El trabajo debería ser el primer criterio para evaluar a una sociedad, antes incluso que el tipo de gobierno o régimen. Cómo trabajamos, cómo organizamos nuestra vida en la producción de todas esas cosas que la componen.

Sin embargo, se sigue insistiendo entre la ecuación libertad política (democracia) = libertad de mercado (capitalismo). Cuando cualquiera de nosotros piensa en reclamos democráticos en China, piensa, si no en alguna mala película hollywoodense, en la Plaza Tiananmén en 1989, en ese hombre enfrentando a un tanque.

Con las protestas de Tiananmén ocurre algo parecido a las protestas del Dalai Lama. Hay una versión occidental que no tiene mucho que ver con la versión china

Y si lo cierto de los Lamas es que pretendían vivir como señores feudales en el Tibet, manteniendo a la población campesina como siervos, lo cierto de las protestas de los estudiantes y obreros es que habían sido producto de las primeras reformas capitalistas, tanto en el campo como en las ciudades, es decir, protestas ante las reformas rurales y urbanas que habían generado un alto nivel de corrupción, de especulación y de inseguridad social. Los reclamos eran múltiples: libertad en los medios, bienestar social (laboral, médico), democracia política, etc.

Al respecto, los análisis de Wang Hui son fundamentales para comprender cómo la Derecha china capturó aquellas protestas y las usó para legitimar reformas que no beneficiaron a esos estudiantes y obreros sino a Grupos de Interés que radicalizaron las privatizaciones. El neoliberalismo utilizó la fuerza del movimiento estudiantil para entrar profundamente en el Estado. Ni apertura democrática, ni libertad de expresión ni mejoras sociales.

Para terminar nuestra segunda parte de ¿Qué es el socialismo chino?, digamos: La apertura liberal no debería olvidar lo que el propio Deng Xiaoping había dicho del capitalismo: “Nosotros utilizamos esos métodos para desarrollar las fuerzas productivas bajo el socialismo. Siempre y cuando aprender del capitalismo sea considerado como una vía y no como un fin, no cambiará la estructura socialista o devolverá a China al capitalismo”

El socialismo chino del futuro, el socialismo 3.0, deberá invertir más en el bien público y trabajar para reducir la desigualdad. Y esto será así porque, como dice Wang Shaoguang, “el pueblo chino no cree en el fin de la Historia”.

Lecturas recomendadas:

-Ferrán Pérez Mena. “El pensamiento de Wang Hui”, en: https://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=2&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwiBu6LhgerZAhWLEZAKHUXjBbQQFgguMAE&url=http%3A%2F%2Fwww.raco.cat%2Findex.php%2Fasiademica%2Farticle%2Fdownload%2F286827%2F375048&usg=AOvVaw38gPvDHkvl8QxT6FcREoDO

-Lin Chun. La transformación del socialismo chino. Editorial El Viejo Topo

-Wang Hui. “El pensamiento chino contemporáneo y la cuestión de la modernidad”, en: http://www.istor.cide.edu/archivos/num_26/dossier2.pdf

-En inglés, el libro editado por Mark Leonard y el European Council on Foreign Relations, China 3.0, recopila textos de los principales intelectuales chinos, tanto de la Derecha como de la Izquierda. Entre otros, hemos trabajado en este artículo: Zhang Weiying “From privilege to rights” y Wang Shaoguang “Chinese socialism 3.0”

-Wang Shaoguang. “The Great Transformation: The Double Movement in China”, en: https://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=3&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwj6sKPRgurZAhUDkpAKHfspDnoQFgg0MAI&url=http%3A%2F%2Fwww.lishiyushehui.cn%2Fmodules%2Ftopic%2Fdownloads.php%3Fid%3D44&usg=AOvVaw2HaLTSpRlaUnVEZ73IrdCu

Link a la primera parte: http://www.utpba.org/2018/03/04/que-es-el-socialismo-chino/

 

 

 

 

Sobre Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires

También puede revisar

¿Cuánto dijiste?

Por Daniel das Neves (*).- Con las tarifas, servicios, alimentos y devaluación lanzados a fagocitarse …

Cosecharás tu siembra

Por Juan Chaneton (*).- Es, tal vez, un dolor como el de la tortura el …