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¿Qué pasa con Rivadavia? Qué pasa en Rivadavia

 

¿Qué pasa con Rivadavia? Se sabe que hace algo más de dos meses el juez Horacio Francisco Robledo resolvió decretar la quiebra de REC SA, el grupo encabezado por Luis Cetrá que explotaba las frecuencias 630 (radio Rivadavia) y 103.1 (La Uno). A los pocos días, cuando se hizo cargo de sus funciones como Síndico de la quiebra, el contador Héctor Spagnuolo comunicó que su intención era darle continuidad a ambas emisoras, es decir que permanecieran en el aire hasta que se efectuara una nueva licitación.

Durante el primer mes continuó llevando el control de la empresa el grupo DIFA, que desde agosto de 2016 estaba a cargo, luego de una operación comercial en la que adquirieron el 75% del paquete accionario, quedando REC SA como socio minoritario. La sindicatura compartió el edificio de las radios con los directivos de DIFA y en ese lapso nada dijo acerca de las funciones de gerenciamiento que cumplían quienes hasta el momento de conocerse la decisión judicial se proclamaban como dueños de ambas emisoras (por cierto, en agosto de 2016 habían traspasado todo el personal de REC SA a DIFA, reconociéndole antigüedad, funciones y salarios).

Sorpresivamente, según dichos de la Sindicatura, el grupo DIFA que “gerenciaba” o “co-producía”, de acuerdo con distintas denominaciones dadas por la propia Sindicatura, decidió retirarse de la empresa, hecho que comunicó al juez, del que obtuvo una inmediata aceptación para hacerlo. En su fuga eludió dejar toda la documentación respecto de la facturación a cobrar y se negó a informar de qué modo se iba a encargar de la situación correspondiente a todo el personal que en su momento traspasó (luego de un hecho coercitivo en el que condicionó el pago del salario a que se aceptara ese traspaso).

Trás rechazar la propuesta de una empresa en formación, integrada por varios ex directivos de REC SA, (en la que los candidatos a “co-producir” proponían reducción de puestos de trabajo, el pago del 75% del salario durante un año, sin ningún reconocimiento en la relación laboral) la Sindicatura, que había afirmado primero que era “esta propuesta o la inviabilidad de la empresa”, elaboró un escrito, que ya está en manos del juez, donde plantea “la continuación de la explotación” de las radios, con, entre otros, estos criterios: 80 trabajadores en lugar de los 120 actuales, que hasta el momento de la licitación –se calcula en 7, 8 meses- cobrarán una prorrata según ingresos (“si es que los mismos se materializan”, se aclara) y que llegada la instancia de venta y entregada la posesión de las emisoras se abonarán las remuneraciones pendientes y “se practicará su liquidación final”.

Ni el juez Horacio Robledo ni las autoridades del ENACOM, hasta el momento de escribirse estas líneas, habían recibido a los representantes de los trabajadores ni a sus cuatro organizaciones (AATRAC, SAL, UTPBA, SUTEP), a las que sí el Síndico invitó a que sean las encargadas de decidir los nombres de los compañeros que se deberían ir o quedar, según su propuesta.

Qué pasa en Rivadavia. Hasta aquí hemos realizado una explicación que apela a resoluciones que la causa acumula desde el momento de la quiebra, además de señalar omisiones, que no dejan de ser otra forma de tomar decisiones. En ese escenario hay un actor (individual, colectivo e institucional) colocado permanentemente en el plano secundario, al que se lo invita a la autoflagelación y sólo se lo invoca para buscar una complicidad mal disimulada.

En Rivadavia pasa que cuando llegó el Grupo DIFA, de los hermanos Guillermo y Fernando Whpei, se intentó despedir a 40 trabajadores, pero los trabajadores, sus delegados y las organizaciones fueron terminantes: no hay despidos, se pagan los salarios en término –y completos- y se discute la forma de abonar la deuda con todo el personal, una postura que atravesó la línea de tiempo desde el momento en que Cristian Lavallén se hizo cargo de las emisoras en nombre de DIFA hasta estos días.

Quienes intervienen hoy en esta compleja situación parecen no entender que esa postura no tiene vuelta atrás, aunque muevan las cabezas en torno afirmativo cuando trabajadores, representantes y organizaciones la mencionan, creyendo que con ese gesto pueden convencer a quienes lo expresan una vez, otra vez, otra vez y mil veces, que comparten esa postura.

El Síndico lo supo desde el primer día, cuando pidió que trabajaran “más que nunca” para no desalentar futuros candidatos y poder seguir con la radio en funcionamiento hasta que se haga cargo un nuevo propietario: se le contestó que  todo el personal de radio Rivadavia y de la Uno seguiría trabajando, que lo hará como siempre (que ya es mucho, como lo indica la historia), pero pretendía cobrar su salario y preservar sus puestos de trabajo, en este período de emergencia y cuando los nuevos dueños asumieran. No se trabajaría para quedarse sin trabajo.

En línea con esto trabajan los abogados de las cuatro organizaciones. En línea con esto se trabaja (operadores, locutores, periodistas, personal administrativo y técnico) para evitar confusiones típicas de esta época en la que el “conflicto entre privados se resuelve entre privados”, es una consigna que marca el modo de intervención del Ministerio de Trabajo en esta crisis (¿También si el Estado es el dueño de la frecuencia el problema queda en manos de los privados?); o cuando el sonsonete del “sobre dimensionamiento” se hace insostenible si hablamos de dos radios (dos radios) y de 120 trabajadores. En el conflicto de Rivadavia y la Uno hay responsables y hay culpables que se reparten los motivos de esta gravísima situación que afecta a 120 trabajadores y sus familias.

Sabemos que la ratificación en cada asamblea de este compromiso suena incómodo en oídos, espíritus e intereses que ven en esa decisión un obstáculo serio, porque el actor secundario (al que nunca se lo reconoce de este modo en el discurso de los otros actores, preocupados por las formas) se muestra activo, sospecha, está unido, es imposible de enredar y su convicción no se permite descanso. Son 120 trabajadores y sus familias. Son 120 trabajadores y sus organizaciones, los que trajeron hasta aquí la Uno y Rivadavia, esta última un emblema cuando se habla de historia y una ruina cuando los interesados en apropiarse de ella le ponen precio.

La frase que sigue está extraída del último libro de la escritora española Belén Gopegui (“Quédate este dia y esta noche conmigo”) y en ella se pueden reflejar todos los que le ponen el pecho, la inteligencia y la dignidad a este conflicto: “No vamos a pedir a nadie que renuncie a describir las sutilezas de la conciencia de quienes se aprovechan y oprimen. Por nuestra parte, preferimos evitar que sigan haciéndolo”.

 

 

Sobre Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires

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