Home / Notas / Legados

Legados

Por Daniel das Neves (*).- Hay una foto de la revista El Gráfico, reproducida el pasado junio, que puede empezar a explicar por qué Ramón Cabrero, fallecido horas después que Lanús diera el paso hacia la final de la Copa Libertadores por primera vez en su historia, fue uno de los símbolos más fuertes de una identidad deportiva y social que en el fútbol argentino algunos aún pelean por mantener.

Pedro Dellacha, Ramón Cabrero y Mario Carnevale

En esa foto, sacada en un vestuario después de un 1 a 1 ante Boca, en cancha de Huracán, resultado que lo dejaba a Lanús segundo solo, detrás de los memorables Matadores del San Lorenzo del brasileño Tim, cuando restaba apenas una fecha –en la que al caer 4 a 2 ante Estudiantes, en La Plata, fue relegado por el Pincha por diferencia de gol y fueron los de Boedo y los dirigidos por Juan Zubeldía los que accedieron a la ronda final e incluso disputarían el título, pero esto es otra historia- el título lo decía casi todo ¿Qué me dice de éste Lanús?

El casi es porque el texto se refería a la ancha sonrisa de Pedro Dellacha, su técnico, el gesto tembloroso de Mario Carnevale, la carcajada de Ramón Cabrero y omitía mencionar la cara felíz y el puño que asomaba diciendo vamos de un señor de sobretodo que dos años antes había dejado el fútbol, jugando en el Lanús de toda su vida, Juan Héctor Guidi, el Nene, el jugador más representativo del que, hasta esos días, todos reconocían como el mejor Lanús de la historia: aquél de 1956, el que perdió el campeonato en las últimas fechas tras ser el equipo de juego más brillante.

Guidi dejó de jugar en 1966, el año en que Cabrero debutó, como volante al igual que el Nene, en la primera de un Lanús que entre 1967 y 1968 volvía a recoger elogios por su juego, en equipos donde Ramón tenía como tapón en su puesto a quien consideró su maestro, Martín Esteban Pando, y en el que jugaban Manuel Silva y Bernardo Acosta, los albañiles, quienes según Cabrero están entre los cuatro mejores en la historia de Lanús (Silva) y “de los que ví es el mejor de todos” (Acosta).

Callado, inteligente, remador, Ramón dejó su sello de jugador de equipo que, sin brillar, siempre tuvo un trato amistoso con la pelota, una condición que los equipos de Lanús posteriores a su ida a Newell´s, a su retiro del fútbol como jugador y a sus primeros tiempos como entrenador, les costó conservar, atravesando etapas futbolísticas e institucionales que pusieron en riesgo la sobrevivencia del propio club.

Un Cabrero más maduro, en una entidad mucho más ordenada administrativa y políticamente, sembró primero en las inferiores del club y luego asumió el compromiso de sacar al primer equipo de la irregularidad y de la falta de identidad futbolística, producto de apuestas poco felices en materia de jugadores y técnicos. Desde entonces Lanús volvió a encontrar su lugar en el mundo en materia de juego, con preeminencia de jugadores surgidos en el club, que se formaron privilegiando la pelota jugada al pie, de la mano de un espíritu solidario que sabía rodear a talentosos, hábiles y veloces sin perder una estructura de equipo.

Lanús fue campeón por primera vez con Ramón como técnico en 2007 (en diciembre se cumplen 10 años). Y lo hizo jugando al fútbol mejor que el resto, dando ese gran salto que no habían podido dar aquellos Globetrotters del fútbol, como se conocía al equipo del 56. Sumó el dato objetivo y distinto, que fue campeón; y lo hizo de la mano de quien había recibido el testimonio del otro símbolo, Guidi, ese apellido con el que rebautizaron la calle que desemboca en el estadio, dejando en el olvido su anterior denominación de General Acha.

Cuando los mellizos Barros Schelotto dejaron la dirección técnica de Lanús (en cuya gestión Lanús logró la Copa Sudamericana en el 2013) Guillermo, en la conferencia de despedida, particularizó un reconocimiento, el que le destinó a Cabrero, no sólo elogiando su capacidad y conocimientos futboleros sino que reivindicando su conducta, personalidad y aporte positivo al trabajo y a la convivencia.

Los triunfos posteriores –sin olvidar la Copa Conmebol lograda con Héctor Cuper como entrenador- obtenidos en esta exitosa etapa de Jorge Almirón (campeón de Liga 2016, Copa Bicentenario y Supercopa Argentina) fueron confirmaciones futbolísticas de un legado, en donde, producto de una extraordinaria coincidencia, se repiten los nombres de Acosta y Silva y de Cabrero, sobrevolando la Fortaleza, en una prueba conmovedora de lo que significa la continuidad histórica de una idea, en este caso futbolística.

Las sonrisas de aquella foto de 1968, en un vestuario, se repiten en la selfie de hoy en las que se ven los rostros de jugadores y cuerpo técnico que lograron llegar a la final de la Libertadores después de una remontada inolvidable ante River. Felices. Desconociendo que por esas horas el testimonio había dejado de estar sostenido por esas manos sabias que jamás supieron que lo recibían de parte de aquél hombre de sobretodo cuyo nombre se omitió en la foto. Un legado que necesita responsables que se hagan cargo del presente y del futuro, con la inmejorable apoyatura en esos hombres y ese juego que vienen de un pasado que algo (o mucho) tienen que ver con esta alegría.

(*) Periodista. Miembro de conducción de la UTPBA

 

Sobre Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires

También puede revisar

Unión de Estudiantes de Morón

Jóvenes comunicadores de la Unión de Estudiantes de Morón (UEM) recibieron, en los estudios de …

Víctor Zawistowski

El compañero Víctor Zawistowski, de amplia trayectoria en medios alternativos del sur del conurbano bonaerense, …