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Violencia obstétrica: Partir del respeto para evitar la violencia

(Por Analía Daniela López (*)).- El acto de traer a alguien al mundo no siempre se vivenció de igual modo a lo largo de los siglos. Antiguamente el nacimiento de un hijx era un acontecimiento familiar, que tenía lugar en los hogares, los partos se hacían con la protección y ayuda de las llamadas comadronas -mujeres experimentadas en asistir partos que transmitían su profesión de generación en generación-, y no menos importante, se utilizaban hierbas en vez de medicamentos.

A fines del siglo XIX, comienzan a institucionalizarse los partos en busca de disminuir las muertes maternas y neonatales. Se pasó a utilizar tecnologías y procedimientos destinados a los embarazos o partos de riesgo -también en aquellos que son totalmente normales- incluso con prácticas hoy desaconsejadas como las episiotomías rutinarias y los partos en posición horizontal, procedimientos que nada tienen que ver con el parto respetado y humanizado.

“El nacimiento no es una enfermedad” declaró en 1985 la Organización Mundial de la Salud, con la intención de humanizar la atención del parto, rescatar el protagonismo de la mujer y su familia, y transformar las maternidades en instituciones “centradas en la familia” y no en el equipo de salud.

La violencia obstétrica puede ser ejercida desde cualquier persona del equipo de salud durante la atención del preparto, parto y postparto, y esta violencia puede manifestarse de diferentes maneras: el trato humillante y denigrante, el abuso en la medicalización, la patologización innecesaria. El concepto de patologización designa un proceso que transforma, de manera artificial, cuestiones no médicas en problemas médicos. Los embarazos y partos son procesos naturales que si bien requieren un acompañamiento del personal de la salud, no pueden convertirse en una enfermedad.

En 2004 se promulga la Ley de Parto Humanizado -de Derechos de Padres e Hijos durante el proceso de nacimiento- que establece que toda mujer en relación con el embarazo, el trabajo de parto y el puerperio tiene derecho a ser informada sobre las distintas intervenciones médicas, ser tratada con respeto, como persona sana protagonista de su propio parto, a tener derecho a un parto natural respetuoso de los tiempos biológicos y psicológicos evitando prácticas invasivas, a estar acompañada por alguien de su confianza, a ser informada sobre los beneficios de la lactancia materna, recibir apoyo sobre el amamantamiento y sobre los cuidados de sí misma y de su hijx.

Por otro lado, la Ley Nº 26.485 -de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales- estableció la violencia obstétrica como un tipo de violencia institucional y la definió como “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales”. En otras palabras, decidir sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres: elegir por la paciente el método de anticoncepción, decidir o no si puede realizarse una ligadura de trompas, no ofrecerle las diferentes variedades de métodos para cuidarse, no informarle que son gratuitos y que las obras sociales y el Estado los provee. Estas leyes son de cumplimiento obligatorio en todas las provincias del país, en todas las instituciones de salud, tanto en el ámbito público como en el privado.

Para Michelle Sadler, antropóloga médica especialista en antropología del nacimiento y académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, la violencia obstétrica sería un fenómeno relativamente reciente y derivaría del proceso de medicalización del parto. El punto clave estaría en el traslado del parto desde el hogar al hospital: “Donde antes participaran familiares y amigos, hoy participa el personal médico. Si antes había una jerarquía equilibrada entre los participantes, hoy se aprecia una hegemonía del conocimiento médico. Donde se utilizaran métodos naturales, hoy se privilegia el empleo de sofisticada tecnología”.

Maltrato en las consultas, falta de atención o consideración, negativa a que esté acompañada, despersonalizar a la mujer, intervenciones médicas injustificadas sobre el cuerpo de la mujer (cesareas innecesarias, legrados sin anestesia, exceso de kristeller, episiotomía de rutina, etc.) falta de información sobre las prácticas médicas, falta del pedido de consentimiento informado, tactos reiterados por distintas personas. Son algunas de las situaciones de violencia obstétrica que se repiten reiteradamente. Estas prácticas se sustentarían en lo que la investigadora estadounidense especialista en antropología de la reproducción, Robbie Davis-Floyd llama “Modelo tecnocrático del nacimiento”. Este paradigma del cuidado de la salud se caracteriza por una fuerte orientación hacia la ciencia, alta tecnología, intereses principalmente económicos e instituciones gobernadas por un poder patriarcal.

El parto respetado en sí es Parir con respeto y dignidad, sin recibir violencia por parte del personal de salud, ni de las instituciones, obras sociales o prepagas, donde la mujer puede elegir, se sienta segura, libre y acompañada, sobretodo confiar en el profesional que la atiende, conocer los riesgos y que no se le practiquen intervenciones de forma injustificada.

No basta con que la mujer embarazada esté de acuerdo con esta idea del parto respetado, sino que el personal de salud y las instituciones sanitarias deben acompañar con la misma ideología. Para evitar situaciones de violencia obstétrica se debe comenzar en la formación y fomentar la conciencia ética en los futuros profesionales y el respeto a las mujeres; considerar a la embarazada una persona sana y brindarle toda la información adecuada a ella y a su familia, sobre todo respecto del control del embarazo, trabajo de parto, parto y puerperio, difundir los derechos de las mujeres durante el proceso de gestación, nacimiento, parto y postparto.

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Dónde informarse

Con el objetivo de brindar contención, información y asesoramiento en materia de violencia contra las mujeres, el Gobierno nacional creó la Línea 144. La misma es gratuita y funciona en todo el país, las 24 horas, los 365 días del año.

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En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 0800-666-8537 brinda atención telefónica especializada y gratuita las 24 hs, los 365 días del año. Ofrece información, orientación, contención y asesoramiento sobre los derechos de la salud y delitos contra la integridad sexual de la mujer.

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Cómo y dónde la mujer puede hacer la denuncia ante la violencia obstétrica:

Reclamo administrativo ante la Defensoría del Pueblo de la Nación. El trámite es gratuito y sólo se necesita la presentación de una nota relatando lo sucedido (personalmente o enviándola por correo. Suipacha 365, CP 1008, CABA). La Defensoría NO investigará cuestiones vinculadas con una posible “mala praxis”, sino que tratará de verificar la existencia de prácticas y condiciones generalizadas, en el establecimiento asistencial denunciado, que generan situaciones de violencia hacia las mujeres.

¿Dónde se puede denunciar? Se puede hacer un reclamo administrativo ante la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Genero (CONSAVIG) correo electrónico consavig@jus.gov.ar. El trámite es gratuito. Además, podés contactarte con el Inadi o la Defensoría del Pueblo. Creo que fui víctima de violencia obstétrica: ¿a dónde llamo? Para asesoramiento, llamá al 0800 – 122 – 5878 ¿Querés saber más sobre la violencia obstétrica? Escuchá tus derechos (audio con la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer)

-Tomado del Dossier Especial sobre violencia obstétrica realizado por www.revistafurias.com

(*) Periodista.

 

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