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CEMENTERIO DE AUTOS

El pobre: un número, un expediente

Especulación, desidia y contaminación en el Área Metropolitana de Buenos Aires

Por Beatriz S. Balvé (*).- En el contexto de la crisis económica internacional, el dinero especulativo se dirige tanto a los fondos de inversión como a la inversión en vivienda, como modo de engrosar el capital. Más que nunca, la demanda compite por el suelo urbano y rural, no para usarlo, sino por la expectativa especulativa de su rentabilidad.

Bajo este telón de fondo, la política habitacional se restringe a la conquista de inversiones. Así es que los gobiernos del estado en general y, en el caso que nos ocupa, de la Ciudad Autónoma, han elegido indiscriminadamente distintas zonas para la localización de emprendimientos del gran capital (polos tecnológico, farmacéutico), a los que benefician con exenciones impositivas, infraestructura, etc. sin importar fisonomía del barrio, tradición de los vecinos, permisos de factibilidad que garanticen el suministro de agua potable, desagües domiciliarios ni evaluación del impacto ambiental. A veces, la desidia de las políticas de gobierno conduce incluso a la muerte.

Este modelo especulativo, que implica socializar costos y privatizar beneficios, ha provocado el crecimiento exponencial de la población en villas, convertidas hoy en el blanco de las “políticas de seguridad”.

Plombemia y otras intoxicaciones

La Villa 20 de Lugano aloja a más de 21.000 personas que, desde hace décadas, se encuentran expuestas a una situación de riesgo y daño progresivo. Debido a los desechos tóxicos que produce el cementerio de autos de Avenida Cruz y Escalada, la contaminación por plomo en la lindera Villa 20 es una realidad.

La mayor responsabilidad le cabe al Gobierno Nacional, que debería disponer e implementar la quita de los vehículos secuestrados por orden judicial que están bajo su guarda o a cargo de la Policía Federal. También las distintas gestiones que se han sucedido al frente del Ejecutivo local han recibido, desde la Defensoría del Pueblo y durante más de ocho años, un alerta constante sobre los peligros para la salud de los vecinos.

Estudios efectuados en 2004 detectaron la contaminación y/o intoxicación por plomo en niños de 0 a 5 años, mientras que otros realizados en 2007 indicaron un agravamiento de la situación. Más de un tercio de los niños evaluados presentó valores de plombemia (concentración de plomo en sangre) iguales o mayores a los considerados como límite de alerta. En la población infantil se observaron trastornos madurativos evidentes, así como otras sintomatologías susceptibles de asociarse a la intoxicación por plomo.

Sobran ejemplos –apenas uno más podría ser el de la contaminación por amianto en el Barrio Presidente Illia– para ilustrar las palabras del médico sanitarista Mario Rovere, quien en su trabajo La salud en la Argentina. Alianzas y conflictos expresa: “El sistema de salud en la Argentina es fragmentado, tan fragmentado como la sociedad que lo contiene”. Una sociedad en la que el pobre no pasa de ser un número, un expediente.

(*) Investigadora de CICSO (Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales)

 

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