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“…Hago las cosas lo mejor que podría hacerlas”

“La satisfacción que yo tengo es que hago las cosas lo mejor que podría hacerlas.”

Por Leticia Amato (*).- Vamos a jugar a quién es quién. Mientras tanto, nos daremos el gusto de permitirnos saborear los placeres, una vez más, de una pluma entrañablemente amiga.

Confesó alguna vez que no fue un lector prodigio, que recién cerca de los 19 años y gracias a la vida, a los amigos, al club de un barrio de Tandil, comenzó a despuntar el vicio de la lectura. Tuvo trabajos de todo tipo antes de tan siquiera aproximarse al mundo de las letras y cuando esto ocurrió, su punto de partida fue la redacción de una revista, Primera Plana, en la que inicialmente le adjudicaban las peores tareas.

San Lorenzo de Almagro fue el club de sus amores.

Nota SorianoEl canon académico-literario argentino no le tuvo gran afecto. No escribió con el perfeccionismo arquitectónico de Borges, ni se acercó a la exquisitez fantástica cortazareana (aunque lo admiraba y en efecto fue él, Julio Cortázar, el primer destinatario del primero de sus cuentos) pero lejos estuvo de, alguna vez, pretenderlo. Mejor diríamos que se propuso trabajar sobre una prosa cuya forma busca evocaciones cinematográficas, y el rasgo más característico de su estilo es la velocidad y el dinamismo que posee su escritura. Sin ir más lejos, tres cuentos y tres -de sus siete- novelas fueron llevadas a la pantalla grande, con algo, poco y mucho éxito según el caso. El escritor italiano Ítalo Calvino lo califica como una suerte de Hemingway heroicómico, a lo que nuestro autor responde: “Creo que tiene que ver con el tipo de escritura seca y directa, sin mucho adjetivo, y nada de psicologismos que yo intento”.

Nació en Mar del Plata. Vivió en Tandil y a cuanto pueblo del interior del país lo llavara el trabajo de su padre. Durante la última dictadura militar se refugió en Europa: vivió en Bélgica y Francia.

Sus personajes, son tipos solitarios (rasgo autobiográfico), desopilantes, destartalados. Tal vez, lo que los identifica por sobre cualquier otra cualidad es que son lo que son, no lo que les gustaría ser. Se embarcan en empresas descabelladas, en disparates irrealizables a priori. Son hombres traicionados, a los que alguna mujer, alguna vez, abandonó. Son buscavidas, malandrines de máquina de escribir, cobardes aunque aguerridos, tienen dudas, miedo a morir, pero se hacen cargo y llegado el momento, se juegan la vida sin grandes estruendos o declaraciones altruistas. Claro, ocurre que nuestro escritor gozaba de una extraordinaria sensibilidad y poder de observación para encontrar las características más pintorescas y a la vez más complejas de la jungla humana y, en este sentido, es inevitable la comparación a la que él mismo se somete, hay algo en la naturaleza de sus personajes (incluso algunos datos de su propia biografía) que nos recuerda a Roberto Arlt. Reflexiona: “Evidentemente, toco temas que producen una cierta identificación. Yo escribo sobre lo nuestro. Mis personajes, en general, son perdedores y solitarios y, de algún modo, representan aspectos muy fuertes de este país.

Amaba a los gatos

Nota Soriano 2“Usted sabe que para mí el gato es el gran emblema de muchas cosas. Siempre tengo gatos, y en mi vida son importantes. Este era un gato negro. Se quedó mirándome un rato, luego se empezó a ir, me miró de nuevo y ahí me di cuenta de que era… la gata de Chandler. ¿A qué había venido? A hacer una cosa obvia: demostrarme que si alguien podía investigar la vida de Laurel y Hardy era un investigador privado. Y quién mejor que Philip Marlowe, el legendario personaje de Chandler. Tomaría a Philip Marlowe a partir del final de Playback, la última novela de Chandler, e imaginaría su vida de allí para adelante. La aparición de Chandler en un momento del desarrollo de mí -para emplear una palabra tonta- “cultura literaria”, fue decisiva. Estoy seguro de que sin Chandler no hubiese podido escribir Triste, solitario y final.”, relataba nuestro autor en una entrevista.

Era amigo de la noche para escribir. Se casó con Catherine Brucher y tuvieron un hijo, Manuel. A su regreso de Francia, formó parte del grupo de periodistas que fundó Página 12 y escribió la primera contratapa del primer número. Después vendrían muchas más.

Paradójicamente, mientras la crítica literaria lo defenestraba en Buenos aires, su obra fue traducida al inglés y a casi todo el resto de los idiomas que se hablan en Europa y estuvo a la cabeza de la lista de los más vendidos en Italia. “Pero aún hoy me cuesta mucho verme a mí mismo como alguien a quien los demás dicen: “Vos tenés éxito”. Para mí eso no es un elogio, más bien le diría que me fastidia. ¿Qué quiero decir con esto? ¿Qué es lo que quisiera que mi hijo aprendiera? Que el éxito y la calidad o el éxito y lo bien hecho no están necesariamente unidos. La satisfacción que yo tengo es la de saber que trabajo bien, que hago las cosas lo mejor que podría hacerlas.”

A esta altura del asuraré, estimado lector, no queda ninguna duda, pero sólo por si hay algún despistado por ahí, aclaremos que, sí, efectivamente se trata del periodista y escritor Osvaldo Soriano.  

Fuentes consultadas:

http://cristinamucci.com/entrevista-a-osvaldo-soriano

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-456-2003-01-26.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3559-2007-01-28.html

http://eljineteinsomne2.blogspot.com.ar/2010/09/osvaldo-soriano-yo-no-creo-en-el-futuro.html

http://www.lanacion.com.ar/1164268-con-osvaldo-eramos-dos-solitarios

(*) Periodista. Miembro de la UTPBA y del Centro de Integración Latinoamericano y Caribeño (CILC)

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